sábado, 11 de febrero de 2012

El perro de Pavlov

Ivan Petróvich Pavlov, fue fisiólogo y psicólogo y formuló la ley del reflejo condicional que, muy resumida, viene a decir: "Cuando dos cosas suelen ocurrir juntas, la aparición de una, inmediatamente trae la otra a la mente". Y esto se da tanto en animales como en personas.
Una confirmación de esa ley es que nombrar hoy en día a Pavlov, es acordarse del perro y no de él. El perro de Pavlov es más famoso que el propio Pavlov. Es más, estoy seguro que mucha gente cree que quién formuló dicha ley del reflejo condicional fue el perro y no Pavlov. Como si Pavlov tan solo fuese el dueño del perro y punto. El que le da de comer, le saca a pasear y le lleva al veterinario a ponerle las vacunas. Ahí se acaba la función de Pavlov. Si no fuese por el perro, hoy Pavlov sería un perfecto desconocido.
No hace mucho, desayunando en un bar, el presentador de las noticias matinales soltó la expresión: "el perro de Pavlov". Otro cliente del bar que estaba apoyado en la barra a mi lado, se giró hacia mí y me dijo mientras mojaba una porra en el café con leche:
-¿Qué es lo que hizo el perro ese del Pavlov?. ¿No fue el perro que mandaron los rusos a la luna?. ¿Es por  eso famoso y por lo que le nombran tanto, no?.
Tengo la costumbre de pagar en cuanto pido el café y la tostada del desayuno y gracias a eso pude salir de allí tras beberme el café de un trago como quien se bebe un chupito de vodka y meterme la tostada en el bolsillo. Salí sin despedirme, dejando a mi compañero de desayuno de barra mojando su porra y viéndome como me alejaba de allí y me perdía entre la gente de la calle.
No hay ningún problema en confundir al perro de Pavlov con la perrita Laika. Tampoco hay ningún problema en confundir la luna con la órbita terrestre...a no ser que seas un cosmonauta. Todos nos confundimos y todos no somos sapientísimos estudiosos, ni ratones de biblioteca, está claro. Pero cuando en la mente de las personas de a pie, entre las que me incluyo, se abre paso a hachazos palabras y conceptos como: perro - Pavlov - rusos y luna, para a continuación mezclarlas, (aunque sería más correcto decir que las agitamos en nuestra cabeza con frenesí) queda claro que el reflejo condicional, tal vez no sea tan evidente como lo es en los animales, pero desde luego llega a ser mucho más amenazador e inquietante en las personas. Porque ya puede ser malo, comprobar y además científicamente, que las personas estamos sujetas (más de lo que nos atreveríamos a admitir) a los condicionantes que desde el exterior asimilamos o nos hacen asimilar, a veces descaradamente, a veces subrepticiamente, (aunque no hay que olvidar que interiormente también nos autocondicionamos), pero peor es aún comprobar que eso además puede ser contagioso. Y ante el contagio sólo nos queda correr como perros, ya sean estos los de Pavlov o de quienes sean.





martes, 7 de febrero de 2012

Togas

Hay togas que juzgan ideas, 
hay togas que condenan conductas, 
hay togas que dictan sentencias,
y bajo las togas, personas
que juzgan, que dictan, que condenan,
ideas, conductas, sentencias.
Y cuando esto es así
la justicia es declarada rebelde
y la ley sale en su busca para darla caza.
El juez es un Dios en la sala
que anda desnudo en su casa.
Bajo el peso de las togas
se esconde vengativa la arrogancia
que impone su voluntad
a sabiendas de que nadie puede verla 
escondida bajo montañas de artículos
que disfrazan las palabras.
Leyes que fortalecen al poderoso
de mil veces, miles de cientos,
leyes que debilitan al pobre y a la libertad amordaza,
más de mil veces, más de miles de cientos,
leyes en definitiva decretadas con falacia
para mantener más ignorante, aún más si cabe, a la ignorancia.
Leyes creadas por hombres de leyes 
para someter al hombre lego en leyes.
Dura lex, sed lex,
para justificar que la justicia acabe siendo
tan solo una palabra que no deje huella,
apenas una leve brisa de indiferencia,
algo abstracto que se busca y nunca se encuentra,
mientras un hombre envuelto en una toga
golpea con un mazo haciendo sonar un plato 
para que el peso de la ley caiga sobre el reo
ya de antemano condenado.
Acabado el juicio, acabado el guiñol,
y ya el culpable escarmentado,
la toga se secará tendida al sol
de las cumplidas, obligadas y obedecidas leyes
aplicadas con implacable tesón.
Dura lex, sed lex,
pero la toga esconde a un hombre
que anda desnudo en su casa
saltando sobre las leyes que a otros obliga y él no acata.