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lunes, 30 de marzo de 2015

«Wanted»

Se antoja raro caminar altiva y orgullosamente, vanagloriándose de nuestra admirable transición, mencionando a todas horas esta bonita democracia que los españoles nos hemos dado, repitiéndonos cada dos por tres lo democráticos, europeos y modernos que somos, y que ahora nos salga la ONU con esa pijada de que España está obligada a extraditar a unos cuantos franquistas.
Y más raro se antoja aún cuando, encima, la ONU tiene que volver a insistir  en ello, pues el gobierno de esta, repito, España tan democrática, ha denegado tal petición la primera vez que se le pidió hacerlo.
No creo que esta demostración de «soberanía» se tenga que realizar de esta manera, máxime cuando anteriormente ya hemos dejado bastantes veces dicha soberanía con el trasero al aire, en asuntos más mundanos como el que nos recuerda vergonzantemente la reforma, con alevosía, estío y todos los parlamentarios de vacaciones veraniegas, del artículo 135 de nuestra sagrada constitución. Sí, ese artículo que da prioridad absoluta a los pagos de las deudas antes que a otras nimiedades como los gastos sociales. Por lo visto, cuando los dos grandes partidos políticos, PP y PSOE, firmaron dicha reforma estaban realizando un acto patriótico y absolutamente soberanista... a petición de los mercados, de Bruselas, y del gobierno alemán en patriótica representación, a su vez, del Bundesbank y demás organismos económicos. Todos muy patriotas y todos muy soberanos, por cierto. Incluso, se excusan y secretamente se enorgullecen de ello, autoconvenciéndose de que gracias a esa reforma, el país está remontando la crisis con más fuerza. Igual que los supervivientes del Titanic se autoconvencieron en su día de que se salvaron gracias a dios, pese a que muchos de los náufragos fueron encontrados en balsas en las que habrían cabido bastantes más personas. Pero el ser humano es así, hasta para salvarse hay primera y segunda clase.
España no cede ante los Marshall de la ONU, pese a muchos carteles de «Se busca» pongan en lugares públicos. Normal. ¿Qué se habrán creído? A nadie le gusta que le digan como limpiar los trapos sucios, y al gobierno español menos. Franco no inició y ganó una guerra para que ahora venga nadie a cantarle las cuarenta y pretenda juzgarle «in absentia» acusando a aquellos altos cargos que personalizaron su régimen hasta el final, incluso después de su tromboflebítica muerte.
¿Qué es esa soplapollez de la justicia universal y los derechos humanos? Los enemigos de Dios y de España están donde se merecen, ellos se lo buscaron, y el desamparo de sus familias es un efecto colateral que hay que asumir como pago a los 40 años de paz con los que nuestro glorioso Caudillo nos obsequió a todos los españoles.
Está claro que con estos mimbres no se pueden hacer más que estas cestas. Pero igual, si a los carteles de «Se busca» se le añade un incentivo en forma de recompensa... Ya sabemos que donde hay patrón no manda marinero, y no hay mayor patrón que poderoso caballero Don dinero. Ante él se inclina hasta el más honesto y honrado de los patriotas.
Pedir verdad, justicia y reparación, a algunos puede parecerles una cifra astronómica e inalcanzable de pagar como para siquiera tenerlo en cuenta. Pero lo cierto, es que es una bagatela comparado con lo que, justamente tasado y con la calculadora en mano, deberían pagar todos aquellos que a la sombra de un estado católico-fascista medraron e hicieron medrar a sus familias, a costa del resto de sus propios compatriotas. No añadamos el tacañismo a la lista de cargos.



lunes, 6 de agosto de 2012

No son símbolos solamente

Hay una corriente de opinión muy extendida en España que predica que no hay que eliminar los símbolos franquistas de nuestros pueblos y ciudades e incluso dicen que habría que dejar aquellos símbolos predemocráticos que todavía andan, cuál aguiluchos disecados, colgados de algunas de nuestras instituciones y edificios "democráticos". Como argumentación para defender esta opinión exponen que eliminarlos supone eliminar una parte de nuestra historia más reciente. Algunos, para no parecer unos neofranquistas, se agarran al argumento de moda: la crisis, para justificar dichos símbolos con la excusa de lo que costaría al erario público su completa eliminación. Y otros con una falsa candidez pareja a una inmensa mezquindad solamente preguntan: "¿Qué daño hacen?. Si llevan ahí toda la vida"...dónde "toda la vida" son los últimos 60 años.
Mi opinión es que es una argumentación, la de que "eliminarlos supone eliminar una parte de nuestra historia", simplona, errónea, pero sobre todo falaz.
Argumentar de esa manera justificaría, por ejemplo, que en Alemania la simbología nazi aún colgase del Bundestag o que la actual plaza berlinesa Theodor-Heuss-Platz se siguiese llamando Adolf-Hitler-Platz como se llamó dicha plaza desde 1933 hasta 1945 o se pudieran hacer excursiones organizadas por ilegales (en Alemania al menos) partidos de ideología nazi para visitar el Berghof, que fue la residencia de montaña en Obersalzberg dónde Hitler se relajaba y jugaba con Blondi su perro pastor alemán, mientras pensaba que país invadir para extender su Lebensraum y a cuantos judíos exterminar.
Y en Alemania esos argumentos tendrían mayor "justificación" pues Hitler al fin y al cabo fue elegido en unas elecciones democráticas por la mayoría del  pueblo alemán. (El presidente Mariano Rajoy haría bien en recapacitar sobre esto pues es muy dado a presumir de que el pueblo español le otorgó la mayoría parlamentaria en las urnas, para justificar los recortes que están provocando el empobrecimiento del país y su difícil salida de dicha crisis y posterior recuperación. Más si cuando fue votado proclamaba a los cuatro vientos un programa al que ha dado la vuelta como un calcetín en apenas 8 meses de mandato. Hoy creo que las urnas igual no le darían tanta mayoría parlamentaria. Y tampoco creo que a Hitler le votasen los alemanes para montar el desastre europeo que montó en cuanto llegó al poder, ¿no?).
Es un suponer pero ¿qué hubiese pasado si a Franco por ejemplo, le hubiesen votado los españoles para derrocar a la República?. Aún hoy los presidentes irían bajo palio al Congreso de los Diputados mientras una corte de curas ensotanados hasta el cuello rociaría con agua bendita a todo aquel que se interpusiera delante de ellos hasta que el presidente lograra sentarse en su escaño. Es lo que tiene ser español parece ser, o se hacen las cosas por la tremenda o no se hacen.
Que un fascismo aupado y apoyado por un catolicismo casi medieval devenido en su última etapa en un tecnocratismo opusdeísta, haya dictado el rumbo de España durante 40 años está claro que es parte de nuestra historia, eso nadie lo niega. Pero resulta harto curioso que este país, cuyo déficit de atención durante las clases de historia adquiere unos tintes enfermizos rayando el autismo y cuya amnesia histórica con determinados capítulos de nuestra historia más reciente es del tamaño del Océano Pacífico (cuya masa de agua es la más grande de la tierra por cierto), ahora pretenda recordar y ensalzar (la simbología es ensalzamiento) el hecho histórico puntual de la dictadura franquista que nos provocó un retraso en todos los aspectos de décadas respecto al resto de países europeos y además (y lo más grave) supuso la eliminación física mediante ejecuciones sumarias y asesinatos programados por grupos falangistas de una parte considerable de la población y una reeducación fascista, católica y clasista de la que aún hoy perduran sus nefastas secuelas.
Que haya quien patalee porque han quitado un busto o una estatua de su "insigne caudillo", o hayan cambiado la placa de alguna calle con el nombre de algunos de los salvajes que le acompañaron en su "cruzada nacional", estan en su derecho de patalear. Con no hacerles ni caso, asunto arreglado. Pero que no digan que porque Franco ha sido una parte de la historia de este país (y no precisamente la más gloriosa) debamos aún seguir viendo su simbología por las plazas y calles de nuestros pueblos y ciudades.Ya tenemos bastante con las cacas de perro y las deposiciones de las palomas, no compliquemos la labor de los servicios de limpieza más de lo necesario.
También los excrementos son parte de nosotros, son parte de nuestra historia particular y al evacuarlos tiramos de la cadena y los olvidamos para siempre. No creo que nadie los guarde para ponerlos junto a una bandera rojigualda en el recibidor de casa para impresionar a las visitas.