domingo, 23 de marzo de 2014

Crónica de una muerte anunciada.

Vaya por delante mi respeto hacia una persona que no buscó, en un principio, estar dónde las circunstancias le pusieron, pero que una vez puesto, intentó hacerlo lo mejor posible, dadas dichas circunstancias y su visión personal de tales circunstancias, pese a los que le pusieron, y pese a los que no le pusieron en dicho brete.
Como este es un blog de opinión, yo opino.
Hoy ha fallecido Adolfo Suárez, primer presidente español tras la muerte del dictador fascista Francisco Franco.
Un hijo suyo anunció la inminente muerte del expresidente español el Viernes pasado. Independientemente del culebrón periodístico relacionado con la muerte, a 48 horas vista, con el que hemos sido bombardeados estos dos días hasta el fatal desenlace, lo cierto es que su muerte es una noticia de primera magnitud que, como es habitual en el tono periodístico español, ha sido manejada de una manera amarillista y simplona por la inmensa mayoría de los medios de comunicación generalistas.
De Adolfo Suárez, después de escuchar y leer las noticias dadas en este par de días, nos han quedado claras unas pocas cosas. Digo claras, si nos conformamos con la letanía monótona y habitual con que riegan los oídos de los ciudadanos, nuestros profesionales, independientes y veraces medios de comunicación.
Una de ellas es que padecía una enfermedad neurológica desde hacía años que le provocó una pérdida de memoria. 
Otra es que era amigo del rey.
Otra, que caía bien a todo el mundo.
Y otra, que cuando la irrupción torera del golpista Tejero en el Congreso de los Diputados, se mantuvo sentado en su escaño, como Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo.
Sinceramente, que estas sean las únicas cosas que nuestros medios de comunicación destacan del expresidente Suárez, no es para tomarlo como un gran panegírico. Si mezclamos estas cosas en un vaso, le echamos hielo, un chorrito de vodka, zumo de tomate, zumo de limón, y unas gotitas de salsa Perrins, podemos hacer un Bloody Mary con el que empezar el día con energía, pero no nos aclarará nada sobre su persona.
Como nuestra idolatrada Transición, Suárez  fue un personaje histórico con claro-oscuros. 
No es por hablar mal de él, ahora que a muerto, pero pocos han recordado que también fue Ministro Secretario General del Movimiento. Esto significa que perteneció, desde 1958 hasta 1977, al único partido político permitido durante la dictadura franquista: FET y de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista). Un partido fascista, además de ultracatólico. Cosas como esta solamente parecen ocurrir en España.
Salvando las distancias, esto es igual que si un alto cargo como Martin Bormann, director de la NSDAP (Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores), hubiese llegado a presidir Alemania a la muerte de Hitler. No estoy comparando a Suárez con Bormann, sé de sobra que personal, ética e ideológicamente, no tienen nada que ver el uno con el otro, simplemente estoy comparando sus cargos políticos, para intentar ver lo absurdo y estudiadamente maquiavélica, que ha sido nuestra Transición democrática. Y como unas personas, independientemente de nuestras simpatías o antipatías personales, han sido puestas en cargos relevantes para dirigir desde una visión particularmente interesada, dicha Transición y por extensión lo que hoy conocemos como democracia. 
La democracia española, tal y como la conocemos y nos la han enseñado, al igual que el fallecido expresidente Suárez, es la crónica de una muerte anunciada, pues ya nació muerta por envenenamiento del anterior régimen dictatorial. Nació con la pretensión de dicho régimen de perpetuarse y darse una legalidad que nunca ha tenido, no tiene, ni jamás tendrá, por mucho que diga esta Constitución firmada por unos hombres que vivieron, en su práctica totalidad, a la sombra de dicho régimen. 
Evidentemente dicha Constitución podía haber salido peor. Tampoco soy tan necio de negar que en esencia no es mala, pero ha dejado unos huecos y unos flecos que a la larga están pidiendo a gritos una reforma y actualización urgente, especialmente en algunos de sus artículos. Pero lo peor de esta Constitución es que se invoca como la Biblia contra el demonio para unas cosas, y en cambio para otras parece el simple título, sin trascendencia, de una barata edición de bolsillo para leer distraídamente en el metro.
Animo a los inquietos lectores a buscar información alternativa al amarillismo periodístico con el que nos están atosigando estos días, y lean algo diferente y verídico sobre nuestra Transición, nuestro expresidente Suárez, y sobre muchos de los que ahora se hacen llamar amigos suyos.
En política, la amistad es como deshojar margaritas al antojo de cada cuál. Por cierto, la margarita siempre acaba deshojada.

jueves, 20 de marzo de 2014

22 M. No es un paseo. Es una marcha.

Hoy, ser un mileurista es formar parte del grupo de trabajadores «privilegiados», de la «élite» asalariada. Si tras las reformas-amputaciones laborales aún formas parte de ella, !cuidado¡ Perteneces a una especie perseguida y en peligro de extinción.
Hace apenas diez años, la mayoría de las personas -me refiero a esa mayoría natural de personas a las que nos es tremendamente imprescindible trabajar para poder sobrevivir- estábamos preocupados por ser unos simples y mal pagados mileuristas
Era aquella época en que en España, entre otros muchos países, se ataban a los perros con longanizas y cagaban mortadela. 
Había tanto dinero circulando de mano en mano, que hasta a los trabajadores nos llegaba algo en forma de migajas crediticias -magnanimidad bancaria mediante- para poder comprar una casa, irnos de vacaciones a las islas griegas, o de crucero por el Caribe, comprar un coche nuevo, y cambiar nuestro viejo televisor culón, por una bonita y enorme pantalla de plasma en la que poder ver los partidos de fútbol de pago con los amigos tomando unas cervezas. Hasta algunas parejas se animaron y se subieron al carro de «podemos hacerlo, que el banco nos da crédito» y se celebraron bodas al estilo «señorito andaluz» con capea incluida. Incluso hubo antitaurinos declarados que se subieron a ese carro. 
La orgía de crédito estaba en su punto álgido.Y todos tragamos. 
Cuando estábamos a punto de llegar al orgasmo, apareció de repente el padre de la novia echando la puerta abajo, armado con una escopeta y disparando contra todo lo que se menea gritando no se qué de: «¡Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades!». Algunos sin saber que decir, se quedaron arrodillados suplicando perdón. Otros dieron la espantada saltando por el balcón, olvidando que estábamos en un quinto piso. Y otros se quedaron mirando a aquel gañan armado y padre cabreado, intentando explicarle que fue precisamente él quien les presentó a su hija, y que además les alentó a tener relaciones con ella. Un «plan de futuro», les dijo cuando les empujó a salir juntos. 
Pero hay que reconocer que es difícil mantener la dignidad cuando te pillan con los pantalones bajados. Y nos han pillado con los pantalones por los tobillos a todos. Hemos confiado en la palabra de alguien que no tiene ningún crédito -valga la paradoja-. El Capital, nos la ha vuelto a meter doblada. Sólo que esta vez los daños colaterales son cuantiosos en relación con otras veces. Esta vez ha sido uno de los engaños más elaborados desde que existen Biblias infantiles. No hay nada más que ver los beneficios que han tenido las grandes empresas internacionales desde que empezó la «crisis» para entender como se han reído, y siguen riéndose a nuestra costa. La evidencia de ser víctimas de una estafa a escala mundial, es sangrante. Y la mayoría de nuestros representantes políticos,  especialmente aquellos que nos gobiernan actualmente, prefieren mirar hacia otro lado. Son lacayos a sueldo de las élites financieras, y nosotros les hemos votado.
Pan, trabajo y techo no es mucho pedir, y a poco que los gobiernos se empeñen es algo que no cuesta ningún esfuerzo dar... si las élites económicas  lo consienten, por supuesto. No queremos importunar a aquellos que ponen y deponen gobiernos democráticos por todo el mundo civilizado a golpe de talonario. Además, suena mejor y es más sano que el pan y circo al que nos tienen acostumbrados.
El Sábado 22 de Marzo, 1.700 antidisturbios amenizarán con su presencia, y estimulados por el plus salarial que recibirán en forma de aumento económico o de días de descanso, la marcha de la dignidad. Son muchas que confluirán en una sola. La unión hace la fuerza. El dicho es viejo y nada original, pero eso no le quita un ápice de su vigencia absoluta en la lucha por nuestra dignidad como personas.

miércoles, 12 de febrero de 2014

La clá parlamentaria.

Confirmado. Para los parlamentarios del PP, la vida es una tómbola, tom, tom, tómbola, de luz y de color, en el que ellos disfrutan como niños, pues son ellos los que mandan.
Lo han demostrado y lo siguen demostrando a la menor ocasión con sus aplausos y sonrisas, si con la mayoría aplastante de su rodillo parlamentario no queda claro del todo. Hay gente que ríe porque es sano, los hay que ríen por y para joder, y también los hay que se ríen porque son simplemente gilipollas. No sabría decir a cuál de estas dos últimas categorías risoteras pertenecen los parlamentarios y parlamentarias populares que ayer votaron en el congreso.
Después de escuchar a una diputada del PSOE pidiendo a las mujeres del PP, hasta casi el paroxismo, que votasen en conciencia sobre la retirada del anteproyecto de la ley del aborto, y pidiendo que el voto fuese secreto, pensando que eso cambiaría la intención de voto de las mujeres del PP... creo sinceramente, que el arco parlamentario, desde la izquierda hasta la derecha de él, vive en un mundo totalmente diferente al mundo real. No conocen a las personas, y lo que es peor, ni se preocupan de conocerlas. ¿Esperaba concienciar a las diputadas populares? ¿Conciencia? ¿Qué es eso? Por cierto la diputada Valenciano parece ser que sufrió un fuerte golpe al caerse del guindo. Aún debe estar recuperándose.
Los partidos políticos, al menos la mayoría de ellos, se han convertido en bloques monolíticos donde el líder -realmente los asesores del líder- guisa un menú, generalmente cutrecillo y sin gracia, y todos los demás deben venderlo cómo si fuese alta cuisine. Por regla general, los ciudadanos de a pie, no somos demasiado exigentes con lo que nos llevamos a la boca, pero hay sopas que nos intentan vender en las que los pelos asoman y parecen escalar por el borde del plato. Y eso sí que no.
Ayer en el congreso se votaron varias cosas. Una de ellas, con solemne voto secreto, sobre el aborto. Cada vez que un miembro -o miembra- parlamentario del PP se acercaba hasta el estrado para depositar su voto en la urna, una sonrisilla que pretendía parecer astuta les separaba los labios dejando ver sus colmillos. Por cierto, es difícil votar si para ello hay que ponerse de puntillas para llegar a la urna. Para otra vez, igual habría que dejar la urna algo más abajo.
El voto unisex ejercido por los representantes populares me demuestra que los hombres de dicho partido conservador -entre otros muchos atributos- se dan laca en el pelo además de usar fijador, y las mujeres llevan calzoncillos largos -con frenazo incluido- además de rasurarse la barba de puro machito. Hay que ser muy hombre para votar lo que se votó ayer.
Emulando a la arenga militar que el fanático sargento Hartman, en la película La chaqueta metálica, les daba a los reclutas recién llegados, me veo que las mujeres del PP han debido pasar por algo similar en las prietas filas de su partido hasta el punto de olvidarse que son mujeres.
Al día siguiente de dicha votación -hoy 12 de Febrero- se celebra el aniversario de Clara Campoamor. Esta señora fue abogada y política defensora de los derechos de la mujer. Algunos que ayer votaron a favor del anteproyecto, católico y apostólico, de la ley del aborto se les llenará la boca elogiando y homenajeando a dicha mujer sin ponerse colorados, o coloradas.
Viendo la foto que La Razón saca en portada, no sé si los presentes se encontraban asistiendo a una votación en el congreso o asistían a una corrida en la Plaza de Toros de Las Ventas. Es como si acabasen de presenciar la suerte de banderillas o una buena entrada a matar. Sus caras, algunas resplandecientes de gozo, parecen confirmarlo. El hecho de que esas banderillas hayan sido puestas sobre el lomo de las mujeres, parece que es algo que no les inquieta, ni a las populares mismas.

Hay una cosa que parece pasar desapercibida entre tanto aplauso, risa y crítica constructiva, y es que también, con el rodillo parlamentario del PP, se ha aprobado una proposición de ley en el senado -ese senado que algunos dicen que no vale para nada- que restringe, aunque prácticamente elimina, las condiciones en las que los jueces españoles pueden investigar delitos cometidos fuera del país. Este es uno de esos casos. Para ser un puñado de patriotas, nuestros honorables senadores lo disimulan muy bien.
Para aquellos que no sepan que es la cla, deberían saber que es una importación de los teatros europeos de hace siglos. Las entradas de cla eran entradas de gallinero a mitad de precio, con la obligación de aplaudir cuando lo indicase una determinada, y prefijada de antemano, persona. Dicha persona trabajaba para la compañía teatral o para algún crítico interesado, que a su vez tenía intereses comunes con dicha compañía teatral. Como escribió Calderón de la Barca en su día:
"No olvides que es comedia nuestra vida 
y teatro de farsa el mundo todo 
que muda el aparato por instantes 
y que todos en él somos farsantes...".

lunes, 10 de febrero de 2014

El cuento de la infanta.

¿La infanta está triste? No. La infanta esta amnésica.
El amor libera endorfinas cuyos vapores embelesan, como diría el poeta.
Pobre infanta, hacerla pasar por un trago así. Sonriendo a las cámaras... saludando al personal del juzgado... me recordaba a su padre el rey cuando visitaba una fábrica, antes de darse a los placeres de la caza.
Después de remolonear su real presencia durante meses, decidió por fin acudir al juzgado que reclamaba su declaración sincera, y poco después de las nueve de la mañana del Sábado día 8 del mes corriente apareció aseada, vestida de oscuro y camisa blanca hábilmente desabotonada, dispuesta a ser tratada como una ciudadana más, para demostrar a las malas lenguas que la justicia es igual para todos... aunque para otros lo sea más.
Más de seis horas compareciendo ante un juez, mientras en Zarzuela, teléfono en mano, intentaban contener, rezando a todos los santos, la avalancha informativa y la vergüenza de ver a alguien de casta real comparecer, como una vulgar plebeya más, en un juzgado de Palma, pese a haber podido dejar aparcada la carroza en la misma puerta de entrada.
La infanta no sabe, la infanta apenas contesta. "Yo no soy esa", parece decir al juez, entre sus carraspeos y timidez estudiada. "Yo no soy esa, señor juez. ¿Por qué me pregunta sobre mis relaciones empresariales en el negocio de la que soy socia junto al amor de mi vida? ¿Acaso si me pinchan no sangro? Metaselo en la cabeza, señor juez, yo no soy esa". Y salió por donde había venido, montó en su carroza y sin mirar atrás desapareció de nuestras vidas. Aunque alguien aún debe seguir buscando por las inmediaciones del juzgado algún zapato de cristal posiblemente olvidado.
¡Ah! que triste es ser de la realeza... que triste es ser infanta o princesa... rey o príncipe... si no fuese por ser tan bella.

En palacio, a los retoños reales les cuentan historias de los hermanos Grimm o de Hans Christian Andersen. Cuentos en los que ogros en forma de jueces envidiosos, y brujas en forma de resentidos republicanos intentan envenenarlos, secuestrarlos, torturarlos y comerlos vivos por pura maldad maligna, por querer invertir un orden eternamente aceptado. Mala es la envidia que emponzoña los corazones de los súbditos, casi tan mala como los libros. Bendita ignorancia que nos mantiene vivos.

De momento, de los 41 imputados en el caso, 16 de ellos puede que se acaben sentando en el banquillo. La infanta no está en esa lista de posibles encausados. Veni, vidi, vici. Ave Cristina!
Su marido, el señor Undargarín, ha tenido menos suerte. La Fiscalía Anticorrupción  va a pedir algo más que bocadillos de calamares para todos. Alguien tiene que sacrificarse y en palacio han decidido que sea él. Al fin y al cabo él es plebeyo y ama a la infanta, pese a sus devaneos con otras mujeres. El amor tiene razones que nada más los enamorados entienden.

La infanta Cristina, siguiendo los consejos de su familia y demás abogados, ha optado por seguir la estrategia de la tortuga: "Llegar tarde, no decir nada, y seguir con la concha dura". Veremos si eso la da resultado.
El juez Castro se ha dado dos meses para decidir, y decir algo sobre el siguiente paso a seguir. Pero ya sabemos, y además intuimos, que los cuentos nunca pueden acabar mal. En especial para aquellos por cuyas venas corre sangre real.

jueves, 6 de febrero de 2014

Burrocracia española.

En España hemos conseguido pasar, transición mediante, de un régimen católico-fascista -bendecido por el Papa y con el apoyo de las democracias occidentales- a una burrocracia corrupta, en apenas 37 años.
Dentro de otros 37 años posiblemente alcancemos una democracia en que sea posible hacer algo más que votar una vez cada cuatro años. Pongo todo mi optimismo en ese pensamiento y espero sinceramente que algún día podamos ir con la cabeza bien alta por la pasarela democrática mundial. Sé que burrocracia es una palabra bastante grosera. Si mi idioma materno fuese el de Shakespeare diría donkeycracy, pero no lo es.
Uno de los baremos por los que se miden las libertades del individuo en una democracia, viene dado por los palos que recibe dicho individuo por parte de las fuerzas del orden público. 
Indistintamente del grado de libertad de expresión que exista, los ciudadanos deben estar completamente seguros -y a salvo-; a la hora de protestar o exigir que se respeten sus derechos: civiles, laborales, etc., como ciudadanos; de no ser apaleados por aquellos que, precisamente, tienen la labor de protegerlos.
La represión, pues no se puede llamar de otra manera, que sufren los ciudadanos a la hora de ejercer sus derechos democráticos está llegando a límites no sólo inaceptables, sino que están llegando a ser inaguantables. El último caso en Valladolid es una muestra más de ello.
No sólo son estas actuaciones demenciales por parte de quienes tienen que tener la cabeza fría, como es el caso de la policía, las que inquietan. La muerte de once inmigrantes - la cifra aún no se sabe con certeza- que intentaban entrar en Ceuta a nado es otro ejemplo más del comportamiento de nuestras fuerzas de seguridad. En este caso se han lucido los números de la guardia civil encargados del tiro al inmigrante aprovechando que estaban ocupados en no ahogarse. No espero que nadie tenga la valentía y el coraje de declararse responsable de tamaña atrocidad. En España, como en Marruecos, nadie es responsable de nada. Más si es un efectivo de las fuerzas del orden público a quien cuyo corporativismo salva de cualquier incómoda situación.
Seguimos con más hechos luctuosos protagonizados por nuestros democráticos cuerpos de seguridad.
Esta noticia del año pasado es impactante. En lo que va de año ya han muerto cuatro personas en las cárceles españolas. Me refiero a cuatro personas presas, no visitantes a los que les haya acaecido tan funesto suceso en el horario de visita o en un vis a vis salido de madre. Cuatro personas cuyas vidas estaban a cargo, y de las que eran responsables sus guardianes mientras cumplían condena. En este enlace el último preso fallecido en el país. Una muerte, otra más, que debe explicarse.
Igual tenían motivos para morirse, quién sabe. Explicaciones más sarcásticas tiene por costumbre dar el ministerio del interior. Como en la dictadura franquista -dictadura que parecen añorar nuestros actuales cargos ministeriales- solían decir de todos aquellos que se escapaban -léase: intentaban escapar- esposados a un radiador en la pared, saltando a través de una ventana cerrada a la altura de un tercer piso, y planeando en vuelo rasante por el patio de luces de la comisaría hasta estrellarse contra el suelo. Pronóstico grave y muerte de camino al hospital. Se ha hecho lo que se ha podido, pese al empeño demostrado. Palabras de sentido pésame con la boca pequeña a la viuda y demás familia del finado, y medallas y alguna que otra condecoración a los policías que estaban a cargo del detenido por su civismo y buen hacer policial.
Las cárceles no son la isla de Molokai a la que se exilian los leprosos para dejarlos morir... o dejarles sufrir una sobredosis, o dejarlos caer por el hueco de una escalera, o dejarlos colgarse con las sábanas de su catre. Las cárceles son parte de la sociedad, una parte bien visible que nos muestra los errores que como sociedad cometemos. Las cárceles ni se pueden, ni se deben esconder bajo la alfombra de nuestro bonito y chachiguay modo de vida que parece no querer mancharse el trasero al hacer de vientre. Están ahí y ahí seguirán porque son sociedad también. Pero en España parece que las cárceles no existen, pese a morir gente en ellas... y más de lo deseable.
Tampoco parecen existir los innumerables CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros) que han florecido como amapolas en el campo en muchas provincias del país. Y, esto es muy grave, repletos de personas cuyo único "delito" es estar indocumentado. Basta con que un agente de la Sicherheitspolizei española, de el alto a una persona inmigrante y ésta no disponga de su documentación en ese momento, para que dicho inmigrante de con sus huesos en un CIE. Un CIE, pese a tan vocalizable y atractivo acrónimo, no es ni más ni menos que un campo de internamiento. Se sustituye la palabra Campo, por Centro y la democracia se instaura en el mundo de las letras. Nuestro modo de vida no sufre y seguimos creyendo que los niños vienen de París.
Tengo claro que no todos los integrantes de los cuerpos policiales se sienten a gusto cometiendo este tipo de burradas -aunque algunos no se planteen ni el más mínimo conflicto ético ante tales burradas-. Sé que cumplen órdenes, aunque eso de "cumplir órdenes" ya se demostró durante los Juicios de Núremberg que no es excusa para librarse de una posible responsabilidad penal ante la llamada "obediencia debida". Pero lo que tengo muy claro es que los responsables primeros de este tipo de actuaciones nazi-policiales están sentados en despachos ministeriales; apoyándose en mandos policiales cuyo sentido democrático de su trabajo proviene de un concepto erróneo y enfermizo de autoridad; a la vez que añoran los tiempos en que la delincuencia se combatía a hostia limpia; y no pagaban en el autobús, ni en el metro; en los bares les invitaban a los cafés y las copas; y en los puticlubs elegían y no hacían cola, cuando iban de paisano con sólo enseñar la placa.
Estas actuaciones policiales también las han denunciado el Consejo de Europa. No es un ataque gratuito. Para ser policía hay que ser persona, y además íntegra. A algunos el uniforme les viene grande y se les nota. No deberían tener miedo a dejar su trabajo, o perderlo, siempre habrá discotecas dispuestas a contratar sus servicios como matones.