sábado, 21 de diciembre de 2013

Nasciturus

Jurídicamente es la definición del ser humano desde que es concebido hasta su nacimiento.
Supongo que los señores que hacen las leyes habrán acotado en el tiempo el concepto ese de: "desde que es concebido", y no se referirán al preciso momento en que el pensamiento, aunque éste sea fugaz y susurre a nuestras entendederas: "quiero tener un hijo", es un embrión rebotando como la bola de un pinball de neurona en neurona.
Pero seguro que también llegará ese momento, visto lo visto, en el que hasta los pensamientos serán pecado o delito, o las dos cosas a la vez ya puestos. Observando la fiebre de leyes que están imponiendo esta pandilla de seglares desde la Moncloa, cualquier día es posible que veamos algún auto de fe como lección a todos aquellos impíos y pecadores, además de delincuentes, que ensucian con sus pies el suelo de esta católica nación de España. Quemar brujas, parece ser, siempre ha agradado a Dios, y si además de brujas son abortistas, el acto de contrición es más glorioso aún.  Y si para esos futuros actos públicos de arrepentimiento, la Plaza Mayor se queda pequeña, siempre estará ese monumento a los caídos por Dios y España, como es el bonito y monumental Valle de los Caídos... caídos por Dios y por España valga la redundancia.
Dicen que el siglo XVIII fue el Siglo de las luces, pero las luces de esta gente tan australopiteca dejaron de lucir en la Alta Edad Media, allá por el año 500 de nuestra era. Desde entonces no paran de intentar llevarnos de vuelta a todos a aquella época. Aunque sea a golpe de decreto ley.
Nasciturus. La palabrita da grima. Parece el nombre del hijo no deseado de Nosferatu. Pero no. Su significado en latín es: "El que ha de nacer". Y nacerá sí o sí, según la visión medieval de nuestros próceres gobernantes. Nacerá porque lo dicen las leyes, no porque quiera la madre. Nacerá porque al fin y al cabo Dios lo quiere así. Y nuestro gobierno, mensajeros de Dios y de toda la purrela y cochambre retrógrada, así lo interpreta y así lo quiere. Sobre todo así lo quiere. Las interpretaciones están sujetas, redundantemente, a interpretaciones. Y cada cuál interpreta a su manera. El método Stanislavski de los juristas.
Todos hemos sido nasciturus en algún momento. Incluso el ministro Gallardón y los miembros del gobierno que, a puerta cerrada y mientras la policía les registraba la sede del partido en la calle Génova, sin complejos y a la luz de las velas a falta de taquígrafos de confianza, aprobaban la nueva reforma de la ley del aborto. Una nueva ley que obliga aún más a las mujeres a dejar de ser, otra vez más en la patriarcal historia de la humanidad, dueñas de sus propios cuerpos y por extensión dueñas de sus propios destinos, con la argucia y engañoso argumento de proteger el mayor valor, don sagrado lo llaman también, que tiene el ser humano que es: la vida.
Nadie duda del valor que tiene la vida. Por eso creo que son las mujeres las que tienen la capacidad de parir. Y como son ellas las que tienen esa capacidad deben ser ellas las que decidan si quieren abortar o no. Ningún juez, o político por muchos años de estudios de Derecho que tenga, ningún cura, imán, rabino o proclamado pastor de almas que no deba acuclillarse para orinar, debería emitir juicios de valor sobre este tema, pues parecen subjetivos en lugar de objetivos.
Con esta nueva reforma de la ley del aborto los curas contentos. Es de esperar que las monjas también. Y contentos también la cohorte ultracatólica de este gobierno de papanatas monacales y monjiles. Las mujeres, que al fin y al cabo son las que paren, en general quedan más desamparadas que antes. Y antes tampoco es que estuviesen especialmente protegidas. Siento decirlo, pero la suerte de ser hombre, hoy es más suerte todavía. Igualdad lo llaman en el bombo de la lotería de género.
Creer que la vida empieza en el mismo momento de la concepción, es como creer que el diseño de los ingenieros automovilísticos del último modelo de coche que tienen en mente dichos ingenieros se ha materializado y ya está aparcado en tu plaza de garaje. De ahí a creerse cualquier cosa, por posible que nos pueda llegar a parecer, hay un paso. No deberíamos olvidar nunca que, la mayoría de las veces, las perspectivas no se llegan a  cumplir. De hecho rara vez lo hacen.



miércoles, 11 de diciembre de 2013

Ego te indulto

Nuestros sacerdotes gubernamentales, imbuidos del poder divino otorgado en las urnas, han creado un pedacito de cielo aquí en la tierra. Un paraíso para todos aquellos hombres de buena voluntad que hayan defraudado, estafado, prevaricado y pertenezcan a la noble casta política, bancaria y/o económica de la milenaria Iberia. Han sacado de las entrañas del animal sacrificado, y abierto en canal, un totem llamado indulto. Que es algo así como una kriptonita judicial. Ante el indulto gubernamental no hay más que hablar. Los sacerdotes gubernamentales que representan al dios político-económico en la tierra, saben cuidar de sus hijos. Al contrario que Saturno, este dios prefiere devorar a los hijos de otros, en lugar de los suyos propios. Al fin y al cabo nadie les va a echar de menos. Para eso están las clases. Unos pringan y otros nacen para que pringuen los demás en su lugar.
La corrupción al no provocar caries, parece ser que no es una cosa grave de atajar, y por la que no hay que preocuparse en demasía. Nueve de cada diez dentistas consultados lo afirman sin ponerlo en duda. El décimo dentista aún está buscando sitio para aparcar. En cuanto lo encuentre, afirmará, también sin ninguna duda, lo que los otros nueve. 
Además los corruptos parecen buenas y honradas personas. Personas decentes cuyas biografías dirán que asistían regularmente a misa, y dejaban su asiento en el autobús a las señoras embarazadas y a las ancianas... pese a ir siempre, o casi siempre en coche oficial.
Indultando, indultando, este país se ha convertido en un chollo para cualquier corrupto que lleve prendida en su solapa la marca España. El distintivo abre despachos y en algunos casos hasta te dejan poner los pies encima de la mesa del despacho de algún juez.
La lista de indultos es interesante. Con el gobierno de don Mariano Rajoy, hace un año, ya había casi medio millar de indultos. Nada raro, pues es la media de indultos de los gobiernos, sean del signo que sean.
Nuestra inocencia e ignorancia nos tienen engañados. Eso y no fijarnos en los detalles. Si contemplamos la imagen que simboliza la Justicia, tendríamos que habernos fijado en que dicha Justicia no es ciega como creíamos. Tan solo lleva una venda. Y esta es dada a caerse depende quien sea juzgado. 
No quiero ser malinterpretado. Está bien que existan los indultos como medida de gracia. Hasta en las dictaduras más férreas existen. Lo que me deja intrigado es que la mayoría de los indultos no son explicados. ¿Cuál es el motivo que mueve a un determinado gobierno a indultar a un determinado reo? Me lo pregunto, más que nada, porque tengo la sensación de estar viendo un desfile de indultados que se han movido en las procelosas aguas del poder político y económico hasta que sus corruptelas les han salido a borbotones por las orejas y el escándalo era lo suficientemente grande como para poderlo tapar. Y ha sido entonces cuándo han comparecido ante un juez. Y ha sido poco después de comparecer ante el juez cuándo el gobierno ha decidido indultarles. No veo muchos indultados que hayan sido acusados de delitos, también del ámbito económico pero a otra escala, como son los atracadores de bancos, los tironeros, los descuideros, los carteristas, y  demás fauna del tipo "agarrar la pasta y salir por patas". Pero claro, los sacerdotes, al estar en contacto directo con Dios saben más que nosotros, simples y mortales pecadores mundanos. Hasta en el mundo del delito, según a los ojos de quién, hay clases. Y además bien diferenciadas. Ego te indulto a peccatis tuis in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Mamandurrias y martingalas olímpicas

De nuevo, y ya van tres veces, Madrid ha sido descartada como sede olímpica. Que nuestro rancio y patatero patriotismo no se venga abajo, y pensemos que nos han hecho un favor, como verdaderamente así ha sido.
Viendo los seis mil millones de euros en gastos que lleva la capital madrileña en su obsesiva obsesión de conseguir ser sede de unos juegos olímpicos, desde que a los ex alcaldes Álvarez del Manzano y  Ruiz Gallardón se les metió entre ceja y ceja tener unos bonitos y fastuosos juegos para uso y disfrute de la ciudadanía, hasta la actual alcaldesa señora Botella, colocada en el puesto por unos méritos que se nos escapan a la plebe y chusma de esta ciudad, esta última decepción olímpica debe hacer pensar a los encargados de meternos en estos berenjenales, que ya vale de hacer el tonto, y más con el dinero del contribuyente. Desde 1993 llevamos intentando conseguirlo. ¿Envidia de Barcelona 92? ¿Cabezonería a la española? ¿Tontuna congénita?
La idiotez supina de nuestros gobernantes sí que es olímpica y de la de pillar podio. Hasta medalla podríamos ganar en estupidez política. Para la ciudad de Buenos Aires fueron, sin reparar en gastos, la flor y nata de los prebostes patrios para apoyar la candidatura española. Esta vez se las prometían muy felices, todos ellos firmes y fanáticos creyentes de la lógica y razonable aserción de que a la tercera va la vencida. Desde nuestro  príncipe Felipe y su esposa la princesa Letizia, pasando por la alcaldesa de Madrid, el presidente de la comunidad madrileña Ignacio González, y nuestro televisivo y plasmático presidente de gobierno señor  Rajoy, regalaron sonrisas, apretones de manos, besos y abrazos a todo aquel que tuviese voz y voto para que Madrid fuese elegida. Parecía que con eso, los dos millones de euros que nos ha costado contratar a Terrence Burns como asesor para conseguir los juegos, y el tener el 80 % de las instalaciones deportivas construidas, sería pan comido... pero ni aún así. Al final ha sido Tokio quién se ha llevado el gato al agua. El COI ha preferido la radiactividad de Fukushima, a la alegría, el desparpajo y el relaxing cup of café con leche de Madrid. Hasta Estambul, la otra candidata, considerada como el rival más débil de las tres ciudades que optaban a ser organizadoras de los Juegos Olímpicos 2020, nos ganó por la mano.
Estas ceremonias para elegir la candidatura de los Juegos Olímpicos cada vez se me parecen más al rancio y ridículo festival de la canción de Eurovisión. El exceso de sonrisa profiden en todos los rostros, las imposturas de los organizadores, y la inocente estupidez de sus concursantes llegan a provocar incontenibles náuseas. Y luego las lágrimas, lamentos e histeria desoladora al conocer la derrota, hacen que la vomitera sea inminente. Me pregunto que hacemos ahí optando a nada.
No nos rasguemos las vestiduras por no poder acoger (palabra extraña en el contexto olímpico-político-económico que se mueve entre las bambalinas del COI) los siguientes juegos. Si lo pensamos fríamente, a los únicos que les ha contrariado no poder disfrutar de tan fraternal y deportivo evento mundial, es a los comisionistas de turno y a las grandes empresas constructoras que aún tienen toneladas de cemento y ladrillo a los que dar salida.
A cambio hemos ganado, y esta vez sí que ese "hemos" es el referido a todo el conjunto de la ciudadanía, librarnos de un gasto innecesario en el momento de crisis actual, que habría dejado en purrela los 6.000 millones de euros gastados ya, la tranquilidad necesaria para poder centrarnos en los asuntos verdaderamente importantes que asfixian al país, y que ésta sea la puntilla necesaria para que la posible construcción del mega proyecto Eurovegas no se lleve a cabo. Al final va a ser verdad aquello de: "Dios aprieta pero no ahoga".
Pero no lloremos, ni nos desconsolemos, ni mucho menos tiremos la toalla ante lo que algunos empiezan a ver como una conjura internacional contra la sacro santa España, vistos y oídos algunos de los comentarios y discursos de nuestros olímpicos compatriotas. Oyéndoles parece que nos han vuelto a birlar  Gibraltar.
Tranquilidad, es posible que nuestra insigne camarilla empresarial y gobernante, ya estén pensando en que no hay dos sin tres, ni tres sin cuatro. ¿El último para las del 2024?

jueves, 1 de agosto de 2013

El gato de escayola

Cada vez está más claro. No es que don Mariano Rajoy sea un dron, es algo más básico y elemental. Algo sin tanta tecnología de por medio. Nuestro presidente es un gato de escayola. Hay paragüeros a los que les late con más fuerza el corazón. Nuestro presidente ni siente, ni padece... ni tiene previsto hacerlo a corto y medio plazo. Respecto al largo plazo, tengo mis dudas. Tiene cuerda para rato, pese a que no usa pilas. Es clásico y elemental hasta ese punto.
Hoy, don Mariano Rajoy, se ha dignado (un tanto indignado, cosa que tiene guasa) a dar algunas explicaciones sobre su relación con el extesorero del PP Luis Bárcenas, actualmente en prisión, y la financiación irregular de su partido. Ese partido conservador y católico, vamos, de derechas de toda la vida, que se propone cómo ejemplo de españolismo, decencia y honradez. Palabras estas que se venden por cuatro perras en el mercadillo político.
Don Mariano ha dado unas explicaciones que no han explicado nada. Nada raro a poco que se le conoce.
Tras empezar recordando a las víctimas del accidente ferroviario de Santiago de Compostela, por aquello de que se vea que no todo se la debe de traer floja (pese al corta-pega del pésame oficial que mandó desde Moncloa), empezó a leer su guión punto por punto, hasta el extremo de leer hasta los apuntes "fin de la cita" escritos en sus papeles. Me parece que al personaje (pues está empezando a dejar de ser persona) de Rajoy le están empezando a colgar las etiquetas con el precio en los trajes que le compran.
Decidí seguir su discurso por la radio. A los cinco minutos de empezar a oír su discurso, "fin de la cita" incluidos, me tenía rendido a sus pies. Dormido como un leño, pero a sus pies sin duda alguna.
Tras semanas pidiendo que dijese algo para aclarar este asuntillo de los sobres con dinero negro que se repartían por los despachos de la calle Génova, don Mariano Rajoy, preparado cuál duelo en el OK Corral, retó al resto del arco parlamentario para hoy 1 de Agosto, fecha en la que la mayoría de los habitantes-contribuyentes de este país coge sus vacaciones estivales. A unos cuantos cientos de miles de ciudadanos, estas declaraciones tan esperadas del presidente, les pilló repostando en una gasolinera mientras continuaban su viaje hasta sus destinos estivales. A otros les pilló sentados y adormilados en un autocar, escuchando música por los cascos del iPod, rumbo a la playa.
El lugar iba a ser en un principio en el propio Parlamento, pero debido a unas obras de remodelación (ya es casualidad) que se están llevando a cabo en el Congreso, el lugar se cambió por el Senado. Así de paso se le da algo de uso práctico a tan magno lugar. No hay mal que por bien no venga. Si al final todo acabará teniendo su porqué.
En resumidas cuentas: aquí no ha pasado nada. Don Mariano dice que cometió un error y ya está. Exactamente la frase de marras, y que tiene su miga, es esta: "Cometí el error de creer a un falso inocente, pero no de encubrir a un presunto culpable". Frase que si no me dicen que es don Mariano quién la expresa, creo que sale de boca del sagaz abogado Ironside.
Quitando el latiguillo famoso que puso de  moda el Rey, y que hace furor entre los altos cargos para quitarse marrones de encima y así poder irse de rositas, yo me quedaría con lo fundamental de su discurso, y que es a su vez el núcleo principal del pensamiento conservador de nuestro presidente. Eso se concentra en la siguiente frase: "No voy a dimitir y no voy a convocar elecciones anticipadas". ¡Ahí queda eso! Que si el matrimonio es hasta que la muerte nos separe, los mandatos son hasta que se agota la legislatura. Y al que no le guste que emigre, que el mundo es muy grande.
¿Qué se puede esperar de un gato de escayola? Algunos igual esperaban que maullase... Ingenuos...

viernes, 12 de abril de 2013

Por la Tercera República

Gracias monarquía, por hacernos creer cada día que pasa, un poquito más y con más fuerza en la República.
El sentimiento republicano parecía reducirse a meros llantos y lamentos invadidos por la nostalgia, de un pequeño y mal avenido grupo de derrotados y vencidos, envidiosos y malencarados con mal perder, además de rojos y ateos.
Pero hoy, gracias a la ayuda inestimable y la actitud prepotente de la podrida monarquía parlamentaria en la que vivimos, esa República parece estar más cerca y ser más real que nunca.
Una monarquía que el pueblo mandó al exilio en 1931. Una monarquía que no se tomó la molestia de consultar al pueblo si podría volver en 1975. Una monarquía que nació bajo palio, bajo ese mismo palio que al dictador y golpista Francisco Franco le gustaba caminar desde 1939, hasta su plácida muerte en la cama de un hospital madrileño de la seguridad social, rodeado de sus más íntimos y seres queridos, amén de pelotas lameculos y demás vividores de aquel régimen dictatorial impuesto a sangre y fuego, que exterminó y asesinó a miles de personas al considerarlas un cáncer para el país. Una monarquía que de puro anacrónica y caduca, tiene tanto sentido cómo pretender volver a vivir colgados de los árboles, porque ahí es dónde vivían nuestros antepasados.
El 14 de Abril, los republicanos de razón y corazón, conmemoramos aquel ideal que se truncó por los intereses egoístas de aquellos que, llamándose a sí mismos patriotas, siempre han hecho y desecho a su antojo en este país, mirando tan sólo por sí mismos y su único y exclusivo bienestar, a costa siempre y exclusivamente de la mayoría trabajadora y empobrecida de este país. Cada 14 de Abril conmemoramos, y esperamos celebrar el nacimiento de la Tercera República. Cada día que pasa nos acerca más a ese ideal que algunos llevamos cómo bandera. Pero la República no viene sola. La República debe ser traída por y con el consenso de la mayoría natural de los que habitamos este país. Y la mayoría natural de este país, por si alguien aún no se ha dado cuenta, son los trabajadores. Esa palabra de los que muchos parecen avergonzarse y a la que la modernidad parece haber relegado al arcón de lo "out". La República debe estar dirigida por los trabajadores para que sea una auténtica República democrática e igualitaria.
Debemos sentirnos y ser republicanos para lograrlo. Pero también debemos saber, y ser conscientes, que la restauración republicana no acabará de golpe y porrazo con los problemas que nos asfixian a todos. Debemos saber que la República no es la panacea que tiene cura para todos los males con sólo beber un trago de una pócima misteriosa. Debemos saber que la República, especialmente si no hay voluntad de ello, no cambiará de la noche a la mañana las actitudes egoístas con las que convivimos actualmente. Debemos saber que la República nacerá con problemas y algunos de ellos, serán muy difíciles de resolver. Pero debemos saber, cómo saben los bebés recién nacidos al cogerse y mamar de los pechos de sus madres (pues tontos no son), que la República es el camino correcto, el camino lógico, y el camino natural que el país y sus gentes deben seguir.
¿De verdad alguien en su sano juicio puede creer que el orden natural es: unos arriba (pocos, y elegidos por nacimiento) y otros abajo (la inmensa mayoría que no tenemos dónde caernos muertos)? ¿Unos mandan y otros obedecen? ¿Unos deciden y otros acatan? 
Quien alguna vez  dirija (siempre temporalmente y por consenso amplio) debe antes haber sabido ser dirigido, y debe saber que, en breve, dejará de dirigir y volverá a ser dirigido. El problema de los mandones, es que tienden a convertirse en abusones, y particularmente, odio a los abusones.
La República está obligada a dar a todos los mismos derechos y las mismas oportunidades, y todos debemos tener con la República las mismas obligaciones. Si esto no es así, estamos jugando a cosas distintas.

¡Salud y República!