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sábado, 13 de septiembre de 2014

Cambio de guardia en los cuarteles financieros.

A rey muerto rey puesto, y el muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Hace tres días que el, hasta ahora, banquero más poderoso del país, Emilio Botín, pasó a mejor vida y su heredera ya ha cogido las riendas bancarias con sus correspondientes resortes para seguir con esa espléndida labor social que su banco realiza y que tantos réditos le aporta.
Aprovechando el funeral en la capital cántabra de Santander, la nueva heredera del emporio bancario del banco de Santander, se ha dejado ver junto al rey de España Felipe VI en las regatas del Mundial de Vela que dicha capital acoge. La imagen del rey con la ya presidenta del banco, dice mucho más que lo que deja entrever.
Ambos sonrientes y relajados dándose un garveo junto a unos cuantos barquitos de vela. No tienen mucho que hablar, pues todo está ya dicho. La complicidad entre poderosos no necesita de palabras. A penas algún gesto como este es suficiente. A buen entendedor pocas palabras bastan, como afirma el dicho.
Esta foto de presentación en sociedad demuestra que las cosas siguen en su sitio. La maquinaria funciona a la perfección. El engranaje que la mueve está perfectamente engrasado. La pieza que falla o muere, se recambia de inmediato y todo sigue como si nada hubiese pasado.
A nadie que conozca como funciona realmente el mundo le debe extrañar que alguien como Ana Botín, que controla tan solo unas pocas acciones del Santander, acabe siendo la presidenta del grupo bancario. Eso dice mucho de lo democráticamente que funcionan los estamentos que rigen nuestras vidas y destinos. Se llamen dichos estamentos monarquía o capital financiero. No solo se miran los méritos que uno tenga, también se mira, y más que dichos méritos, la cuna de la cuál procedas.
Mientras en Cataluña están entretenidos y nos entretienen con el proceso soberanista, los mandamases se relajan disfrutando de unas bonitas vistas en la costa santanderina, casi agarrados de la mano, dejando patente lo que realmente es importante, mientras en la tumba del anterior presidente bancario se empiezan a marchitar las flores.
En los cuarteles financieros han cambiado de guardia, discretamente, sin estridencias y sin la rimbombancia de los cambios de guardia del palacio de Buckingham. Cuando quieren son austeros con sus cosas.

martes, 15 de abril de 2014

La escombrera europea.

No tengo datos para asegurar si en el resto de países europeos, son igual de dejados que en España, a la hora de enviar a Bruselas a sus representantes políticos.
En este país parece como si a nadie le importase Europa, cuando es precisamente allí donde se corta todo el bacalao que luego nos hacen tragar con espinas y escamas.
Ser europarlamentario español, lejos de parecer una responsabilidad abrumadora, es visto más bien, como un exilio dorado, previo a una feliz jubilación. Da la sensación que cuando en un partido deciden mandar a Bruselas a un candidato para representar los intereses nacionales, lo hacen para deshacerse de él a nivel nacional, pero tendiéndole un puente de plata. De alguna manera se lo quitan de encima, pero agradeciéndole a su vez los servicios prestados. Igualito que al común de los trabajadores.
Para España, Bruselas es una escombrera de lujo... que pagamos todos.
Por parte del PP, como cabeza de lista para las europeas, mandan al ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Arias Cañete. El señor Cañete, dejará el ministerio y se dedicará a promocionar jamones de bellota por los pasillos europeos, y de paso a promover su candidatura a comisario europeo. Ya puestos a promocionar...
Además, según sus compañeros de partido, el haber sido durante 13 años europarlamentario, le da suficiente experiencia para acometer dicha empresa. Parece ser que la experiencia laboral solo es reconocida en política. En los demás ámbitos, la experiencia es vista como una traba para ser flexible ante las diversas reformas, circunstancias y necesidades laborales del mercado.
Tras su polémica «Ley de Costas», por la que deja la costa española con casi más cemento y ladrillo que cuando entró al hacerse cargo de la cartera ministerial, de algún que otro tropezón en forma de consejo-receta-máxima, y de la casi desconocida «Lucha por el control de Deoleo», lo único que parece claro es que es un ministro que se sienta a dialogar —especialmente ante una buena manteca colorá—... aunque luego no haga caso de nada, pues ya salió de casa con su decisión adoptada bajo el brazo.
Lo bueno de todo esto, siendo profundamente optimistas, es que parece ser la única manera de cambiar el gabinete de don Mariano Rajoy, persona ésta don Mariano, que no lleva muy bien eso de reformar ministerios, cosa sorprendente visto su afán reformista en otros lares, como puedan ser las últimas y nefastas reformas laborales y judiciales que campan por esta sorprendente España.
En el salvaje mundo laboral en el que nos están haciendo sobrevivir actualmente como peces fuera del agua, cuando quieren desembarazarse de alguien lo mandan a la puta calle  —así sin vaselina ni medias tintas—, y no lo «promocionan» en el ámbito europeo. Derechos adquiridos, he de suponer, por algunos políticos, a los que su estatus les convierte en una casta diferenciada de los demás.
Creernos europeos de primera, cuando aún somos españoles de segunda, no ayuda mucho, la verdad.

jueves, 23 de enero de 2014

La sangría española.

Hay muchas formas de hacer sangría, y a veces incluso buenas. 
Básicamente sus ingredientes son: vino, azúcar, limón y otras frutas picadas. Es una bebida refrescante, algo dulzona y agradable de beber, sobretodo cuando está bien elaborada. Y lo mejor de todo: es una receta sencilla.
Basta mezclar todo en una jarra y dejar macerar un par de horas todos los ingredientes antes de beberla. Y si se añade hielo mejora más.
Es una bebida típica veraniega pero a nuestro actual gobierno, con don Mariano Rajoy a la cabeza,  eso no le para en barras y nos está enseñando otra forma de hacerla para así poder disfrutarla todo el año; y me temo que la resaca que provoca esta sangría neoliberal tiene todas las papeletas para convertir su resaca en una resaca de órdago. 
Se ha encasquetado el gorro de cocinero y siguiendo las recetas que le dicta la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, el FMI y demás organismos con estrella Michelín que saben de estas cosas de la economía -crisis mediante- y que poco a poco nos están matando de hambre; está sorprendiendo, incluso a los abstemios, con la nueva sangría Marca España, bajo la denominación de origen: typical spanish, que con una alegría cómo solo don Mariano puede derrochar a manos llenas, y con un salero de ese que tanto le sobra y derrama sobre nosotros, intenta deleitarnos en su puesto de master chef  pese a ser un vulgar pinche de cocina, y además de los malos. 
Se le nota contento. No me pregunten porqué, pues motivos no le sobran precisamente. Los avisos de Bruselas sobre el paro y los desequilibrios económicos son del mes de Noviembre. En Enero seguimos igual.
No hay más que escucharle cuando se levanta poético, aunque resulte de lo más patético -y pido perdón por el descuidado pareado-. Aunque no tengo idea de dónde saca este ramillete de optimismo trufado de buenos deseos a la vista de los últimos datos conocidos hoy mismo.
Le ponen a mover las varillas para mezclar la sangría y ya se ve como un consumado maestro de la coctelería -y vuelvo a pedir perdón por la rima-.
Es como los niños chicos, se le contenta con cualquier cosa que le den para entretenerse, pero que no sea más complicado que encajar los objetos en sus huecos correspondientes. Lo de emparejar por colores, aún es pronto para él.
Lo malo es que la sangría que está preparando don Mariano tiene los elementos necesarios para convertirla en un cóctel... molotov.
Está apretujando en la jarra, con el almirez de su visión retro española, demasiadas humillaciones innecesarias a los ciudadanos que hemos tenido la desgracia de nacer en este pintoresco país. Y digo pintoresco, no sólo por sus bonitos paisajes, sino por los dirigentes que desde siglos hemos tenido, ya sea porque nos han tocado -la mayoría de las veces-, o porque los hemos elegido -las menos veces-. Tal cantidad de berzotas guiando los destinos de España, no puede ser casual. En todos los países cuecen habas, tampoco se libran del berzotismo ilustrado más allá de nuestras fronteras, pero el caso español es para estudiarlo con detenimiento. El darwinismo social ibérico se está haciendo demasiado insoportable, especialmente desde que llegó al poder el ultraneoliberal, ultraconservador y ultracatólico -para lo que quiere- Partido Popular.
Machacar en su jarra ideológica a: los desahuciados de sus casas; a los ahogados por unas tramposas hipotecas; a los parados, ya sean jóvenes, mayores o de mediana edad; a los trabajadores precarios, tanto en sueldo como en condiciones de trabajo; a los autónomos engañados, y a los que se dejaron engañar; a los pensionistas; a los inmigrantes cotizantes y a los que no cotizan pero trabajan, y no cotizan porque a algún gran patriota contratador se la pone dura tener a gente sin papeles y evitarse rollos con los contratos de trabajo, amén de ahorrarse un dinerillo con la Seguridad Social; y luego añadir, junto al hielo, recortes en todos los aspectos: sanitarios, educativos, de formación, de investigación, de desarrollo... y et voilá! ¡Una deliciosa sangría con todo el sabor concentrado de España, y su prestigiosa marca, dispuesta a ser seleccionada como sangría exclusiva y oficial  de cualquier país que quiera evolucionar en su ascenso a la miseria más absoluta!
¡Gracias Europa! Gracias por mirar por los intereses de los países más enmierdados precisamente por seguir a rajatabla tus reglas y consejos. Thanks, Merci, Danke, Grazie, Tack.
Muchas gracias por convertirte, y convertirnos a los demás países, en un conglomerado apestoso de intereses mercantiles en el que la voz de la gente apenas sea un soplo inaudible tras las cristaleras de los parlamentos, y dichos parlamentos no sean más que mercadillos de ocasión a sueldo del mejor postor.
Dear Europa: disfruta de esta sangría hasta que te salga por las orejas. Genuino sabor español. Te vas a jartar de beber. De seguir así, acabará desbancando a la cerveza incluso en Bruselas.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Hay cosas que no se pueden negar.

Algunas cosas son innegables, indiscutibles. El simple intento de explicarlas, logra que su incontestabilidad sea más rotunda, si cabe. Por mucho que nos empeñemos, no se pueden negar, muy a nuestro pesar.
Ser español, por ejemplo, es algo incuestionable, sobre todo para todo aquel que haya nacido en España. España es una península y tiene perfectamente delimitadas sus fronteras, al menos con el exterior. Otra cosa, que en su interior, haya algunas fricciones entre los distintos territorios que componen esta España oficial. Queda claro que si alguien nace dentro de esas fronteras, reconocidas por los distintos organismos internacionales y jurídicos existentes, el nacido en cuestión, es considerado español de pleno derecho. Aunque dentro de las fronteras de España haya un par de excepciones, como puedan ser el Principado de Andorra y Gibraltar, el resto a todos los efectos es España, sin excepción. Incluso los nacidos en Cataluña y Euskadi tienen pasaporte español. Todo esto no se puede negar, es evidente.
Otro ejemplo de cosa innegable es ser católico. Si eres bautizado en esa fe, te conviertes en católico sin lugar a dudas. Que ese bautismo sea realizado en circunstancias en las que el nuevo miembro, no es que no tenga la edad suficiente para sopesar los pros y contras, con raciocinio, de dicho bautismo, sino que su edad apenas le permite lloriquear para decir que tiene hambre o se ha ensuciado los pañales, o que su capacidad creativa tan solo le deja quedarse alelado ante el sonido de un sonajero; todo eso no cuestiona lo innegable: que ya forma parte parte del rebaño católico, ya es uno más en el seno de la iglesa católica.
Salvando los distintos ritos existentes, esto se puede extender a prácticamente cualquier religion que sermonee con la salvación eterna, en el planeta tierra. Los extraterrestres al ser unos completos desconocidos para los terrícolas, se libran de dicho argumento. Aunque para ser sinceros, siempre he pensado que si existen seres inteligentes en otras galaxias y alguna vez contactan con nosotros, a parte de su avanzada tecnología, vendrán cargados también con sus dioses y demás parafernalia religiosa intergaláctica, amén de otras supercherías interestelares. Los seres inteligentes son así de paradójicos, todos acaban por abrazar la comodidad y la seguridad de una mentira, ante el inquietante misterio de la Creación.
Volviendo al tema de lo innegable. Una persona puede ser alta o baja, morena o rubia, de constitución delgada o robusta, con piel clara o de tonos más oscuros, debido a la melanina por un lado y por otro debido a la propia genética del individuo, como causa de esas diferencias. Esto además de innegable es irrefutable.
Pero dentro de la amplia gama de cosas que no se pueden negar, hay algunas que sí en cambio pueden ser renegadas. Y ser español, por poner un ejemplo, es una de ellas. Ser español, o portugués, o guineano, o neozelandés, o del país que sea, no es más que un hecho fortuito. Las nacionalidades suelen ser fruto de los accidentes. Soy de  la opinión de que uno nace donde le pare su madre, y el lugar de nacimiento no es más que eso, donde tu madre te trae al mundo. El hecho de nacer en un país o en otro, es algo que está más allá de nuestra voluntad y como tal no hay que darle mayor importancia. Soy español, pero no me siento español. Reniego del país dónde nací por muchas razones, pero la principal es porque España (como ente abstracto donde sus distintos reyes y gobernantes han hecho lo que han querido sin consultar a sus nacionalizados) no protege a los españoles. No puedo identificarme con una nación que está en manos de una docena de apellidos familiares, haciendo un cortijo particular de lo que es de todos por igual, que miente, engaña, estafa, ningunea y coarta libertades básicas a sus propios ciudadanos. Parafraseando con pinzas de tender la ropa al genial Groucho Marx, no quiero pertenecer a dicho club.
Para mí son motivos de sobra para renegar de mi nacionalidad y no me avergüenza decirlo. Cada día que pasa, me siento más extranjero en este país.
Otro ejemplo de cosa que no se puede negar, pero sí renegar de ella, es ser católico, o creyente de cualquier otra religión al uso. En el caso católico, incluso se puede apostatar, pese a los trámites farragosos e impedimentos que pone la iglesia (y este estado "aconfesional" que tenemos y "disfrutamos") para poder hacerlo. Aunque seguro que lograr directamente que le excomulguen a uno, sea el camino más corto para conseguir dejar de ser catolico.
También reniego de la religión de mis padres por muchas razones, pero la principal es por no haber contado conmigo para bautizarme. Utlizar a bebés indefensos y sin uso de razón para beneficio propio, no es de recibo, por mucho que se sientan en la obligación por ser padres. En este asunto, los papás y mamás, deberían hacer un acto de contricción por tamaña forma de dirigir y condicionar la vida futura de sus hijos. Quiero creer que, tanto padres como madres, estan convencidos de obrar bien... para ellos mismos, para sus creencias e intereses. Soy consciente que su autoengaño es producto de sus miedos, y no voy a juzgarlos por ello. Todos cometemos errores. Cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo que pasa, tenemos que despegar de nuestras suelas alguna mierda que hemos pisado por ignorancia, estupidez, arrogancia o soberbia. Pero cometer errores, darnos cuenta de ello y no poner empeño en intentar solucionarlos, es imperdonable.
Hay cosas que son del todo innegables, pero pese a ello, son a su vez perfectamente cuestionables.



domingo, 21 de octubre de 2012

La marca España.

El rey Juan Carlos I, el presidente del gobierno don Mariano Rajoy y una selecta representación de empresarios patrios están promocionando la marca España por los confines de la tierra para conquistar el mercado internacional. Quieren que la gente al oír el nombre de España, piensen en calidad, seriedad, bienestar, responsabilidad y oportunidad. Todo eso me parece bien, pero creo que olvidan que cualquiera que venda un producto o una marca, lo primero que tiene que hacer es conocer dicho producto o marca y además creer en ella. Y viendo las actuaciones recientes de tanto el rey, como el presidente del gobierno, como de los empresarios patrios seleccionados para tal fin, se nota, se intuye y se huele que no conocen realmente la marca que tienen entre manos y ni mucho menos creen en ella. Porque si realmente creyeran en ella, no habrían propuesto, ni mucho menos consentido los recortes económicos irracionales en investigación, educación y sanidad que unos imponen y otros aplauden.
Una cosa son los deseos y otra la realidad. Y la realidad con que nos ven fuera de nuestras fronteras difiere bastante de nuestros deseos de como queremos ser vistos. Pese a la insistencia de nuestros embajadores "marca España", la prensa internacional nos retrata más fielmente que como lo hacemos nosotros. Es difícil y además suena a intento de engaño pretender hacernos pasar por algo que no somos. Desde el exterior la idea que tienen de España, una idea basada en datos y hechos que ven y constatan a diario, es la de un país que está cayendo por una pendiente que cada vez se acerca más rápido al borde de un precipicio de futuro incierto. Hay que ser muy buen vendedor para hacer cambiar esa opinión y sinceramente nunca nos hemos sabido vender, ni entre nosotros mismos.
Promocionar una marca que empieza a buscarse la vida entre los contenedores de basura, que casualmente es la imagen que nos retrata actualmente, requiere un esfuerzo sobrehumano, pero sobre todo requiere un ejercicio de honestidad consigo mismo que ahora mismo se hecha en falta y que poca gente parece dispuesta a hacer.
Idealizar la Marca España en su vertiente deportiva es algo, pero es algo estúpido e inútil que no nos reporta beneficio alguno, excepto ese orgullo endémico que parecemos tener incrustado en nuestros genes más rancios. No creo que ganar algunas medallas (tirando a escasas) en las últimas Olimpiadas del 2012, ganar un Mundial de fútbol en el año 2010 (después de haberlo intentado en 13 ocasiones) y tres Eurocopas de un total de 9 participaciones, sean habilidades reseñables para poner en nuestro "currículum vítae patriótico".
Pero no somos tan lerdos como nos pudiera parecer en un primer momento a nosotros mismos. Tenemos ejemplos españoles de emprendedores como el inventor del Chupa Chups, los famosos caramelos con palo (aunque desde el año 2006 la empresa pertenece a una firma italiana); o como el inventor de la fregona (fregona que deriva de unas patentes anteriores de algunos inventores norteamericanos). Y en el ámbito más serio podemos hablar del inventor del autogiro (aunque parece ser que el verdadero inventor no fue Juan de la Cierva, sino el también español y mallorquín por más señas Pere de Son Gall) o el inventor del submarino (que también parece ser que no fue Isaac Peral, sino el logroñés Cosme García Sáez). Estos ejemplos nos dan una idea de como está en cuestión de avances y reconocimientos de inventos el país. Por cierto, sobre los tropiezos de Isaac Peral con los ministros y jerifaltes con los que le tocó lidiar para intentar poner en marcha su proyecto, también nos dan una idea del apoyo que se da en España desde tiempos inmemorables a aquellos que inventan. Si el apoyo fuese una muleta estarían todo el tiempo arrastrándose por el suelo.
Para ser esta "una nación de mas de 3000 años de historia", según dice doña Esperanza Aguirre  expresidenta de la Comunidad de Madrid, actual presidenta del PP madrileño y funcionaria a ratos (siempre y cuando no tenga algún mitin político al que acudir o una partidita de golf pendiente a la que ir a hacer unos hoyos), se podría decir que nos hemos estado tocando el badajo tumbados a la bartola viendo pasar el progreso en lontananza.
Existen marcas que provocan atracción inmediata del potencial consumidor/comprador, en cambio existen otras marcas que lo único que provocan es un deseo irrefrenable de alejarse lo más posible de dicha marca. Sería buena idea poner a investigar a nuestros científicos, si aún nos queda alguno que no haya decidido emigrar, en cosas que repercutan en beneficio para el conjunto de la población y además sean exportables. Con lo que cobran media docena de estrellas del balompié de nuestra Liga de Fútbol, se podrían acondicionar unos cuantos laboratorios y dotarles de algo más que las probetas y microscopios que usaron en sus estudios los Nobel Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa. Los dos únicos premios Nobel de medicina de nuestra "milenaria" historia. Y es que a veces las marcas son llevadas más como un estigma que como un orgullo.







lunes, 2 de julio de 2012

España, Eurocopa y bla, bla, bla...

Ya tenemos esa alegría que necesitábamos, según dijo el presidente del gobierno don Mariano Rajoy. Aprovechando el "gran subidón moral" en el que andamos montados y viendo que los jugadores de la selección han cumplido su parte del trato, mi pregunta es: ¿y ahora qué?.
Tal vez el presidente debería haber visitado también a unos cuantos banqueros e inversores notables y haberles pedido, al igual que hizo ante los futbolistas, que nos diesen a los españoles una alegría en estos tiempos tan difíciles y complejos en los que nos han metido sus eminencias bancarias e inversoras.
La selección española de fútbol ha ganado la Eurocopa y los medios de comunicación lo resaltan a bombo y platillo por los cuatro puntos cardinales por si aún queda alguien que no se haya enterado.
Está bien eso de que la selección que viste los colores del país gane, pero no debemos olvidar que es simplemente un acontecimiento deportivo y nada más. Magnificar algunas cosas hasta el punto de hacerlas pasar por acontecimientos de índole universal, denota un complejo de inferioridad latente que resulta bastante ridículo visto con perspectiva.
Está claro que lo que ha conseguido la selección de fútbol en tan corto espacio de tiempo es histórico. Conseguir los títulos de la Eurocopa 2008, el Mundial 2010 y la Eurocopa 2012 es algo magnífico e histórico, pero solo en el ámbito deportivo, nada más.
Hay lugares en este planeta en los que el fútbol apenas es un deporte testimonial (Cuba y Estados Unidos, son dos ejemplos) y cuyo orgullo deportivo se vierte hacia otros deportes como el béisbol, por ejemplo.
El fútbol parece haberse convertido en la válvula de escape para muchas cosas. Hay personas que disfrutan viendo un partido de fútbol sentadas tranquilamente en sus casas frente al televisor mientras beben cerveza y comen pizza. Hay personas que disfrutan del fútbol en el campo dejándose la voz animando a los jugadores pese a que llueva, nieve o haga 40 º C a la sombra. También hay personas que confunden el continente con el contenido sintiéndose uno más del equipo y tomándose como algo personal todos los avatares que le suceda a dicho equipo.
Que el fútbol es un deporte que desata pasiones (y muchas de las veces son las bajas pasiones las que desata), se sabe y se da por hecho y no por ello deja de sorprenderme. Que prácticamente haya países que se paralicen ante determinados partidos de fútbol es digno de estudio psicológico. El llamado deporte rey se ha convertido en el deporte de masas por excelencia y para ello ha tenido que dejar por el camino una buena parte de eso que se llama deporte para ganar a cambio más espectáculo.
Los profesionales del fútbol son máquinas de hacer dinero insertadas en el engranaje del espectáculo deportivo del que forman parte y sabedores de ello lo engrasan y miman a conciencia para que siga funcionando.
No es malo olvidar las preocupaciones y los problemas durante un rato. Dejar las complicaciones aparcadas por un momento es hasta sano y  si se puede conseguir viendo un partido de fútbol, pues bien está. Lo malo es que ese rato excede con mucho los 90 minutos que dura un partido de fútbol. La parafernalia que rodea al mundo futbolístico se me antoja excesiva para lo que las personas ganamos con ello...es decir nada. Los medios de comunicación pagan cifras desorbitadas por los derechos de retransmisión de los partidos y claro, tienen que amortizarlo de alguna manera. Seguramente este es el mayor de los motivos de la sobredimensión del fútbol en nuestras vidas cotidianas. Y sabiendo que la mayoría de empresas periodísticas son participadas o forman parte de otras empresas relacionadas con la banca y las energéticas (amén de otras ramificaciones empresariales sorprendentes), empresas todas estas que en cierta manera obligan a los gobiernos a seguir el rumbo que a ellas más les conviene, no nos a de extrañar que tengamos fútbol hasta en la sopa.
No es solo cuestión de dinero, que lo hay y mucho, es cuestión también de distracción y no en su sentido lúdico sino en su sentido estratégico.
Utilizar la distracción del dinero, del glamour, del espectáculo de masas, la publicidad sin límites, para consolidar el dominio sobre la opinión pública y en cierta manera acallarla a base de fastuosos acontecimientos futbolísticos no es nuevo, pero ahora el peligro para la salud de la sociedad es mayor. Los recursos energéticos empiezan a escasear y su control por parte de las empresas que se encargan de su explotación, esas empresas que también invierten en el fútbol, se hace más evidente cada día que pasa. Sus métodos quedan más en evidencia y es posible que la dosis de fútbol que nos suministraban ya no sea tan efectiva para sus intereses como lo era hasta ahora.
Imagino que una gran parte de los responsables de dichas empresas cuando ven fútbol, en caso que lo vean, ven a un puñado de esclavos millonarios corriendo tras una pelota vitoreados por las masas mientras les hacen cada vez más ricos y poderosos a cada segundo que pasa. Es la versión actualizada y civilizada de los gladiadores. A la luz de la historia pocas cosas nuevas hay, aunque a su sombra se esconden otras muchas igual de viejas...e inquietantes. El ansia de controlar a las personas llega hasta límites increíbles, pero más increíble es que lo consigan sin apenas esfuerzo por su parte.





jueves, 28 de junio de 2012

Olor a sobaquina

Existen trajes y vestidos para aparentar y existen colonias, fragancias y desodorantes que por mucho que lo intenten no disimulan ese persistente olor a sobaquina que emana de nuestros dirigentes.
Discursos y actitudes que incluso hace más de 40 años estaban desfasados en muchos países, aquí pretenden hacerlos pasar por innovadores e intentan crear escuela.
La cortedad de miras en las personas siempre es preocupante porque les impide evolucionar individualmente, pero esa cortedad de miras, esa miopía cateta y provinciana que se ha apoderado de los  discursos y actitudes oficiales (aunque lo cierto es que siempre les ha acompañado. No hay nada nuevo bajo el sol de los políticos patrios), es más que preocupante, es peligrosa porque nos impide evolucionar colectivamente, no solo individualmente.
Cuesta horrores comprobar y asumir como todo aquello en lo que uno ha basado su vida, puesto sus creencias y esperanzas, vale menos que la arena en el desierto y que además es erróneo.
El ser humano es un animal de costumbres y pese a la habilidad para adaptarnos a las circunstancias, esa habilidad de la que hacemos gala en cuanto tenemos ocasión, hay ciertas personas que en realidad más que adaptarse lo que hacen es hacer como que se adaptan. Esas personas a título individual no evolucionan, pero si consiguen medrar y llegar a algún puesto de poder y decisión, ese estancamiento en su evolución personal se contagia al resto de la sociedad y es entonces la sociedad en su conjunto la que no evoluciona y se estanca. La historia está trufada de ejemplos de gobernantes y gobiernos miopes que logran que la sociedad de la que son responsables acabe necesitando gafas para ver la realidad de su tiempo, pero tan encantados están de conocerse así mismos que no son capaces de visitar al oculista pese a no ver más allá de sus narices. Una pizca de orgullo y otra pizca de coquetería y tenemos todas las papeletas para que el miope de turno acabe rodando por las escaleras en cuanto abra la puerta de casa y quiera salir a la calle.
Mientras la ciencia y la tecnología casi a diario nos sorprende con nuevos descubrimientos sobre nuestro pasado y lo que puede llegar a ser nuestro futuro, algunos individuos aún asisten a procesiones dónde se hacen novenas y rogativas para pedir que llueva. Estoy seguro que el día en que Alexander Fleming descubrió la penicilina allá por 1928, algunas personas contemporáneas aún estaban pintando escenas de caza en las cavernas a la luz de un candil.
El ser humano es paradójico y además es el único animal al que le huelen los sobacos. El ser humano cuando es político, español, conservador en lo moral y liberal en lo económico y además amante y cumplidor de las tradiciones (por muy bestias y catetas que estas tradiciones sean), es cuando más paradójico resulta y más se acentúa el olor a sobaquina que emana de él. Con echar un vistazo a los últimos 76 años podemos hacernos una idea. No me refiero al olor del sudor producto del trabajo honrado necesario para sobrevivir. Me refiero a ese olor a sobaquina que se da en ciertos despachos y edificios emblemáticos dónde se firman documentos plagados de palabrería absurda y efectos catastróficos para nosotros los ciudadanos. Ese olor que se percibe cuando vas a pedir un crédito o a firmar una hipoteca al banco. Ese olor que emana de algunos políticos al encontrártelos en el mercado de tu barrio cuando están en campaña. Ese olor que inunda las fosas nasales cuando pasas cerca de la sede de alguna corporación empresarial con intereses internacionales y con un pie en algún paraíso fiscal. Ese olor a sobaquina que no se va ni con salfumán, llega a formar parte del adn de algunos sujetos que dirigen este cotarro que mal llamamos democracia. Es un olor que ha impregnado a todo el país de norte a sur y de este a oeste. Es un olor que detesto profundamente y que a pocos parece molestar. ¿Me estaré volviendo un sibarita pituitario?. ¿Será este olor el olor natural del país y no me había dado cuenta?. ¿Será por dicho olor por lo que este país atrae a inversores megalomaniacos y está lleno de vividores roba cepillos y beatos de misa y puta diaria?.
P.D.: La selección española de fútbol ha llegado a la final de la Eurocopa. El país anda más hinchado que los pavos en celo y se arropa en la enseña nacional futbolera. Pero sigue oliendo a sobaquina que echa para atrás.