Los mineros de Asturias, Castilla y León y Aragón llegaron anoche a Madrid. A la emblemática Puerta del Sol llegaron todos juntos después de días y centenares de kilómetros caminando desde sus respectivas cuencas. Su lucha aún no ha terminado. La del resto de trabajadores tampoco. Han llegado en un momento crucial para los trabajadores del país. Hoy 11 de Julio del 2012, el gobierno ha dado un estacazo sin precedentes a los trabajores sea cual sea su filiación política. Que lo hayan hecho obligados hasta cierto punto por Bruselas, no le quita enjundia a los recortes, pese a que el gobierno y el PP los siga llamando "ajustes". Esta vez don Mariano Rajoy se ha dignado ir al Congreso para darlos a conocer en lugar de hacerlo desde los púlpitos a los que nos tenía acostumbrados, llámense estos declaraciones desde el extranjero, desde algún congreso del PP o desde la sede de Génova que le pilla más a mano para ciertos menesteres.
El BCE ya se está cobrando los intereses por prestarnos ese dinerillo del que se alegraban nuestros preclaros dirigentes para salvar al sistema financiero español y mientras se los cobra pone su pica, no en Flandes, sino en Madrid para que sintamos en nuestras carnes lo que sintieron sus tatarabuelos cuando los Tercios desfilaban por Europa. Siempre viene bien recordar la historia y algunos tal vez perdonen, pero no olvidan...y además tienen memoria...memoria histórica.
Debe ser difícil, muy difícil, gobernar en un situación como la que está viviendo el país actualmente, pero observo el comportamiento del gobierno y no los veo muy agobiados ni especialmente nerviosos, como si no fuese con ellos el asunto. No lo achaco al temple frio y de acero que los tiempos obligan a tener, lo achaco por el contrario a su memez innata, a su mezquindad sin parangón y a su soberbia genética, cosas de las que hacen gala en cuanto tienen oportunidad de demostrarlo. Cada vez que abren la boca el significado de mentira adquiere una nueva acepción. Conseguirán que los académicos de la Real Academia se reúnan para poner al día el diccionario todas las tardes, en lugar de solo las tardes de los Jueves como viene siendo habitual.
Está claro que nos gobierna un grupillo a sueldo de los tecnócratas de Bruselas. La gente piensa, especialmente aquellos que les votaron, que son políticos pero se equivocan. Les han engañado también en eso. Tienen ideología, la practican y la intentan imponer al resto de la sociedad, pero no practican la política. Eso son palabras mayores para ellos, es posible que ni siquiera sepan la amplitud del significado de la palabra política. Son tan tiesos en sus pensamientos que cualquier soplo de aire inesperado les quiebra por la mitad. Su cortedad de miras es tal que no son capaces de calzarse los zapatos si antes estos no están ya atados.
El gobierno del PP en España es la cara que necesitaba Bruselas para que no les acusasen de saltarse las mínimas normas democráticas como hicieron en Irlanda, Grecia e Italia al poner directamente unos gobiernos compuestos de tecnócratas que nadie había votado en las urnas. En España, la "casualidad" hizo que se convocasen elecciones anticipadas y el PP salió votado por mayoría absoluta. Bruselas sólo tuvo que ponerse la careta del gobierno votado democráticamente y dar por inaugurado el carnaval. Y así seguimos, sin tener la total seguridad de que quienes están detrás de las caretas sean autóctonos o teutones.
Si hay alguien a quienes no les gustan las caretas y mucho menos las mentiras, esos son los mineros. La Marcha Negra que ayer llegó a Madrid y hoy se ha manifestado por sus calles, se ha convertido en un referente y ejemplo para el resto de la clase obrera. Después de semanas de huelga y de encierros en la mina (grupos de mineros llevan un mes bajo tierra en protesta por los recortes en la minería) los mineros no se rinden. Su solidaridad, sus cajas de resistencia y su unidad obrera han hecho que sea una de las huelgas más largas en los últimos años. Han logrado que la gente recuerde lo que significa una huelga ante la injusticia de perder sus trabajos y lo más importante, lo que significa la resistencia ante el ataque indiscriminado por parte del gobierno ante el desmantelamiento y la supresión de su medio de vida sin darles otras alternativas reales, concretas y decentes a cambio. Que la marcha minera, apoyada in situ por miles de personas haya acabado en una batalla campal por el Paseo de la Castellana y aledaños es anecdótico para el movimiento obrero y en cambio es muy sintomático por parte de las autoridades. Un ejemplo de la estupidez paradójica de ciertas acciones por parte de dichas autoridades es la de los grupos antidisturbios cuyos integrantes estas próximas navidades podrán recordar que mientras aporreaban y lanzaban pelotas de goma contra las personas que manifestaban su apoyo a los mineros, ese gobierno que les mandaba reprimir dicha manifestación acababa de aprobar la supresión de la paga extra navideña para todos los funcionarios. Si alguno de ellos tiene hijos en edad de creer en los Reyes Magos, debería ir practicando alguna excusa para justificar ante sus retoños el motivo de la racanería en los regalos de Reyes de este año. Los hijos de los mineros hace tiempo que dejaron de creer en los Reyes Magos. ¡Salud, mineros!.¡Viva la clase obrera!.
Ideas, opiniones, críticas, anhelos, en general cosas que no dirías a la cara de nadie. Puede que este sea el primer blog hecho por y para cobardes.
miércoles, 11 de julio de 2012
jueves, 5 de julio de 2012
El banquillo de Bankia y nuestros ilustres parlamentarios.
Si el equipo directivo de Bankia se dedicase al fútbol, con el banquillo que tiene podría formar dos equipos completos para asegurarse la Liga. Habría sus más y sus menos para colocar en su lugar natural a algunos de sus cracks pero eso no impediría que diesen juego... como de hecho lo han dado.
La Audiencia Nacional va a citar a declarar como inculpados a 33 personas implicadas en el expolio de Bankia. De esas 33 personas, 2 fueron ministros del gobierno del PP con el ex-presidente Jose María Aznar y un buen puñado del resto tuvieron cargos de responsabilidad política en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, casualmente también en manos del PP desde hace años.
Parece que va a ser la única forma de enterarnos para saber lo que han hecho con la centenaria Caja de Ahorros estos personajes tan elegantes y trajeados, estos cracks de las finanzas.
La audiencia ha abierto diligencias porque UPyD ha presentado una querella tras desgañitarse en el Parlamento, junto a gran parte de la oposición, pidiendo la comparecencia de los responsables y una explicación del gobierno para depurar responsabilidades, a lo que el gobierno ha hecho oídos sordos mientras se dedicaba a mirarse el ombligo. A última hora se ha sumado a la denuncia el pseudo sindicato ultraderechista Manos Limpias. Estos de Manos Limpias (y pies sucios, añado) se apuntan a un bombardeo judicial contra todo aquello que les pueda reportar intereses publicitarios y agradar de paso a sus desconocidos y secretos financiadores y si por el camino se llevan por delante a algo que huela a izquierda, pues mejor todavía, que el fascismo no se para en barras para salvar a la patria.
Por lo visto lo que en cualquier país medianamente decente, honesto y honrado con sus ciudadanos y a la par de democrático en su fondo y en sus formas es normal, aquí es algo excepcional. Esa urticaria parlamentaria de la que hace gala el gobierno de turno cuando hay que dar explicaciones sobre asuntos especialmente graves para el país, es algo común en los regímenes bananeros y parece un tipo de legionela altamente contagiosa dada la cautela con la que se practica en ciertas democracias como la nuestra.
Que sea UPyD, un grupo político de reciente creación fundado en el año 2007, el que haya puesto la querella contra Bankia, dice bastante del parlamentarismo reinante en el resto de los grupos políticos.
¿Por qué no han secundado la denuncia?. Cuando lo político se convierte en delictivo, es labor de los jueces juzgar los hechos para dictar sentencia. Y la actitud de Bankia para con sus clientes se asemeja más a la de una pandilla de estafadores mentirosos que al banco serio y formal que cualquier ahorrador prefiere para sus ahorros.
En apoyo de la querella de UPyD ha salido la Fiscalía Anticorrupción que también ve indicios de delito en las actuaciones de Bankia.
Que el PP, como parte implicada especialmente en Bankia, intente evitar la comparecencia en el Parlamento no es extraño y por eso ahora tendrá que hacer encaje de bolillos para explicar ante el juez lo que no quiso explicar ante sus señorías y por extensión ante los ciudadanos, incluidos aquellos que les votaron.
Que el resto de grupos políticos de la oposición (exceptuando UPyD) se conformase con las esquivas excusas del gobierno arropado por su propia mayoría parlamentaria, para no abrir la boca sobre como Bankia pasó de tener beneficios a necesitar más de 23.000 millones de euros para subsistir, supongo que será debido a la comodidad de los escaños y al circuito de aire acondicionado que disfrutan sus señorías en el Congreso. No es agradable salir a la calle con el calor que hace para ir a un juzgado y poner una denuncia. Pero piensen sus señorías que tampoco es agradable comprobar como tus ahorros los usan unos opulentos señores para encender sus habanos, mientras celebran cuantiosas y jugosas retribuciones por hundir una entidad a la que confiaban sus ahorros miles de trabajadores, pensionistas y pequeños y medianos empresarios. Está claro que aún nos falta cultura democrática para acometer comisiones de investigación parlamentarias que sean dignas de llamarse así. Y para montar paripés para mantenerse sus señorías ocupados y cobrar dietas extras a cargo del contribuyente, mejor pasar directamente al juzgado y acabamos antes.
Ese empujón judicial que se ha dado al caso Bankia, es el siguiente paso lógico y democrático tras la gestión chapucera y torticera de la entidad a manos de unos cuanto políticos oportunistas, aprovechados y embaucadores que ni siquiera tienen la sincera voluntad de pedir perdón, de resarcir a los afectados, de depurar responsabilidades y de lograr que cosas como esta no vuelvan a pasar.
UPyD ha demostrado que se puede esquivar la mayoría parlamentaria que niega el pan y la sal solo por negarla y sin más argumento que su propia soberbia mayoritaria y partidista. Pese a no ser siquiera ni simpatizante de UPyD, es de justicia reconocerles esta acción ante la dejadez y fijación casi obsesiva que tienen otros grupos en algunos asuntos que exceden de lo parlamentario y se empeñan en mantenerlo ahí. No es cuestión de judicializar la política, pero tampoco seamos tan imbéciles y pretendamos politizar la judicatura.
La quiebra de Bankia debería haberse explicado en el Parlamento y una vez explicado y depuradas las responsabilidades políticas que tiene (y tiene muchas), haber pasado al juzgado de lo penal. La política es algo que trasciende y va mucho más allá de los partidos políticos. La política no es cosa de políticos profesionales, ni de políticos a sueldo, ellos tienen sus parcelas, parcelas que la sociedad les permite tener, pero la política no se circunscribe a hablar en el Parlamento y a votar leyes, la política es también cuando los ciudadanos interactuamos entre nosotros y nos preocupamos por estar informados y exigimos ser consultados ante cualquier acción que suponga un cambio sustancial en nuestras vidas. Según uno de los significados de la RAE, política es la actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo. Está claro que la política es algo que no se debe dejar en manos de políticos exclusivamente. Y viendo su gestión en Bankia, tampoco les fiaría mi dinero.
La Audiencia Nacional va a citar a declarar como inculpados a 33 personas implicadas en el expolio de Bankia. De esas 33 personas, 2 fueron ministros del gobierno del PP con el ex-presidente Jose María Aznar y un buen puñado del resto tuvieron cargos de responsabilidad política en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, casualmente también en manos del PP desde hace años.
Parece que va a ser la única forma de enterarnos para saber lo que han hecho con la centenaria Caja de Ahorros estos personajes tan elegantes y trajeados, estos cracks de las finanzas.
La audiencia ha abierto diligencias porque UPyD ha presentado una querella tras desgañitarse en el Parlamento, junto a gran parte de la oposición, pidiendo la comparecencia de los responsables y una explicación del gobierno para depurar responsabilidades, a lo que el gobierno ha hecho oídos sordos mientras se dedicaba a mirarse el ombligo. A última hora se ha sumado a la denuncia el pseudo sindicato ultraderechista Manos Limpias. Estos de Manos Limpias (y pies sucios, añado) se apuntan a un bombardeo judicial contra todo aquello que les pueda reportar intereses publicitarios y agradar de paso a sus desconocidos y secretos financiadores y si por el camino se llevan por delante a algo que huela a izquierda, pues mejor todavía, que el fascismo no se para en barras para salvar a la patria.
Por lo visto lo que en cualquier país medianamente decente, honesto y honrado con sus ciudadanos y a la par de democrático en su fondo y en sus formas es normal, aquí es algo excepcional. Esa urticaria parlamentaria de la que hace gala el gobierno de turno cuando hay que dar explicaciones sobre asuntos especialmente graves para el país, es algo común en los regímenes bananeros y parece un tipo de legionela altamente contagiosa dada la cautela con la que se practica en ciertas democracias como la nuestra.
Que sea UPyD, un grupo político de reciente creación fundado en el año 2007, el que haya puesto la querella contra Bankia, dice bastante del parlamentarismo reinante en el resto de los grupos políticos.
¿Por qué no han secundado la denuncia?. Cuando lo político se convierte en delictivo, es labor de los jueces juzgar los hechos para dictar sentencia. Y la actitud de Bankia para con sus clientes se asemeja más a la de una pandilla de estafadores mentirosos que al banco serio y formal que cualquier ahorrador prefiere para sus ahorros.
En apoyo de la querella de UPyD ha salido la Fiscalía Anticorrupción que también ve indicios de delito en las actuaciones de Bankia.
Que el PP, como parte implicada especialmente en Bankia, intente evitar la comparecencia en el Parlamento no es extraño y por eso ahora tendrá que hacer encaje de bolillos para explicar ante el juez lo que no quiso explicar ante sus señorías y por extensión ante los ciudadanos, incluidos aquellos que les votaron.
Que el resto de grupos políticos de la oposición (exceptuando UPyD) se conformase con las esquivas excusas del gobierno arropado por su propia mayoría parlamentaria, para no abrir la boca sobre como Bankia pasó de tener beneficios a necesitar más de 23.000 millones de euros para subsistir, supongo que será debido a la comodidad de los escaños y al circuito de aire acondicionado que disfrutan sus señorías en el Congreso. No es agradable salir a la calle con el calor que hace para ir a un juzgado y poner una denuncia. Pero piensen sus señorías que tampoco es agradable comprobar como tus ahorros los usan unos opulentos señores para encender sus habanos, mientras celebran cuantiosas y jugosas retribuciones por hundir una entidad a la que confiaban sus ahorros miles de trabajadores, pensionistas y pequeños y medianos empresarios. Está claro que aún nos falta cultura democrática para acometer comisiones de investigación parlamentarias que sean dignas de llamarse así. Y para montar paripés para mantenerse sus señorías ocupados y cobrar dietas extras a cargo del contribuyente, mejor pasar directamente al juzgado y acabamos antes.
Ese empujón judicial que se ha dado al caso Bankia, es el siguiente paso lógico y democrático tras la gestión chapucera y torticera de la entidad a manos de unos cuanto políticos oportunistas, aprovechados y embaucadores que ni siquiera tienen la sincera voluntad de pedir perdón, de resarcir a los afectados, de depurar responsabilidades y de lograr que cosas como esta no vuelvan a pasar.
UPyD ha demostrado que se puede esquivar la mayoría parlamentaria que niega el pan y la sal solo por negarla y sin más argumento que su propia soberbia mayoritaria y partidista. Pese a no ser siquiera ni simpatizante de UPyD, es de justicia reconocerles esta acción ante la dejadez y fijación casi obsesiva que tienen otros grupos en algunos asuntos que exceden de lo parlamentario y se empeñan en mantenerlo ahí. No es cuestión de judicializar la política, pero tampoco seamos tan imbéciles y pretendamos politizar la judicatura.
La quiebra de Bankia debería haberse explicado en el Parlamento y una vez explicado y depuradas las responsabilidades políticas que tiene (y tiene muchas), haber pasado al juzgado de lo penal. La política es algo que trasciende y va mucho más allá de los partidos políticos. La política no es cosa de políticos profesionales, ni de políticos a sueldo, ellos tienen sus parcelas, parcelas que la sociedad les permite tener, pero la política no se circunscribe a hablar en el Parlamento y a votar leyes, la política es también cuando los ciudadanos interactuamos entre nosotros y nos preocupamos por estar informados y exigimos ser consultados ante cualquier acción que suponga un cambio sustancial en nuestras vidas. Según uno de los significados de la RAE, política es la actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo. Está claro que la política es algo que no se debe dejar en manos de políticos exclusivamente. Y viendo su gestión en Bankia, tampoco les fiaría mi dinero.
lunes, 2 de julio de 2012
España, Eurocopa y bla, bla, bla...
Ya tenemos esa alegría que necesitábamos, según dijo el presidente del gobierno don Mariano Rajoy. Aprovechando el "gran subidón moral" en el que andamos montados y viendo que los jugadores de la selección han cumplido su parte del trato, mi pregunta es: ¿y ahora qué?.
Tal vez el presidente debería haber visitado también a unos cuantos banqueros e inversores notables y haberles pedido, al igual que hizo ante los futbolistas, que nos diesen a los españoles una alegría en estos tiempos tan difíciles y complejos en los que nos han metido sus eminencias bancarias e inversoras.
La selección española de fútbol ha ganado la Eurocopa y los medios de comunicación lo resaltan a bombo y platillo por los cuatro puntos cardinales por si aún queda alguien que no se haya enterado.
Está bien eso de que la selección que viste los colores del país gane, pero no debemos olvidar que es simplemente un acontecimiento deportivo y nada más. Magnificar algunas cosas hasta el punto de hacerlas pasar por acontecimientos de índole universal, denota un complejo de inferioridad latente que resulta bastante ridículo visto con perspectiva.
Está claro que lo que ha conseguido la selección de fútbol en tan corto espacio de tiempo es histórico. Conseguir los títulos de la Eurocopa 2008, el Mundial 2010 y la Eurocopa 2012 es algo magnífico e histórico, pero solo en el ámbito deportivo, nada más.
Hay lugares en este planeta en los que el fútbol apenas es un deporte testimonial (Cuba y Estados Unidos, son dos ejemplos) y cuyo orgullo deportivo se vierte hacia otros deportes como el béisbol, por ejemplo.
El fútbol parece haberse convertido en la válvula de escape para muchas cosas. Hay personas que disfrutan viendo un partido de fútbol sentadas tranquilamente en sus casas frente al televisor mientras beben cerveza y comen pizza. Hay personas que disfrutan del fútbol en el campo dejándose la voz animando a los jugadores pese a que llueva, nieve o haga 40 º C a la sombra. También hay personas que confunden el continente con el contenido sintiéndose uno más del equipo y tomándose como algo personal todos los avatares que le suceda a dicho equipo.
Que el fútbol es un deporte que desata pasiones (y muchas de las veces son las bajas pasiones las que desata), se sabe y se da por hecho y no por ello deja de sorprenderme. Que prácticamente haya países que se paralicen ante determinados partidos de fútbol es digno de estudio psicológico. El llamado deporte rey se ha convertido en el deporte de masas por excelencia y para ello ha tenido que dejar por el camino una buena parte de eso que se llama deporte para ganar a cambio más espectáculo.
Los profesionales del fútbol son máquinas de hacer dinero insertadas en el engranaje del espectáculo deportivo del que forman parte y sabedores de ello lo engrasan y miman a conciencia para que siga funcionando.
No es malo olvidar las preocupaciones y los problemas durante un rato. Dejar las complicaciones aparcadas por un momento es hasta sano y si se puede conseguir viendo un partido de fútbol, pues bien está. Lo malo es que ese rato excede con mucho los 90 minutos que dura un partido de fútbol. La parafernalia que rodea al mundo futbolístico se me antoja excesiva para lo que las personas ganamos con ello...es decir nada. Los medios de comunicación pagan cifras desorbitadas por los derechos de retransmisión de los partidos y claro, tienen que amortizarlo de alguna manera. Seguramente este es el mayor de los motivos de la sobredimensión del fútbol en nuestras vidas cotidianas. Y sabiendo que la mayoría de empresas periodísticas son participadas o forman parte de otras empresas relacionadas con la banca y las energéticas (amén de otras ramificaciones empresariales sorprendentes), empresas todas estas que en cierta manera obligan a los gobiernos a seguir el rumbo que a ellas más les conviene, no nos a de extrañar que tengamos fútbol hasta en la sopa.
No es solo cuestión de dinero, que lo hay y mucho, es cuestión también de distracción y no en su sentido lúdico sino en su sentido estratégico.
Utilizar la distracción del dinero, del glamour, del espectáculo de masas, la publicidad sin límites, para consolidar el dominio sobre la opinión pública y en cierta manera acallarla a base de fastuosos acontecimientos futbolísticos no es nuevo, pero ahora el peligro para la salud de la sociedad es mayor. Los recursos energéticos empiezan a escasear y su control por parte de las empresas que se encargan de su explotación, esas empresas que también invierten en el fútbol, se hace más evidente cada día que pasa. Sus métodos quedan más en evidencia y es posible que la dosis de fútbol que nos suministraban ya no sea tan efectiva para sus intereses como lo era hasta ahora.
Imagino que una gran parte de los responsables de dichas empresas cuando ven fútbol, en caso que lo vean, ven a un puñado de esclavos millonarios corriendo tras una pelota vitoreados por las masas mientras les hacen cada vez más ricos y poderosos a cada segundo que pasa. Es la versión actualizada y civilizada de los gladiadores. A la luz de la historia pocas cosas nuevas hay, aunque a su sombra se esconden otras muchas igual de viejas...e inquietantes. El ansia de controlar a las personas llega hasta límites increíbles, pero más increíble es que lo consigan sin apenas esfuerzo por su parte.
Tal vez el presidente debería haber visitado también a unos cuantos banqueros e inversores notables y haberles pedido, al igual que hizo ante los futbolistas, que nos diesen a los españoles una alegría en estos tiempos tan difíciles y complejos en los que nos han metido sus eminencias bancarias e inversoras.
La selección española de fútbol ha ganado la Eurocopa y los medios de comunicación lo resaltan a bombo y platillo por los cuatro puntos cardinales por si aún queda alguien que no se haya enterado.
Está bien eso de que la selección que viste los colores del país gane, pero no debemos olvidar que es simplemente un acontecimiento deportivo y nada más. Magnificar algunas cosas hasta el punto de hacerlas pasar por acontecimientos de índole universal, denota un complejo de inferioridad latente que resulta bastante ridículo visto con perspectiva.
Está claro que lo que ha conseguido la selección de fútbol en tan corto espacio de tiempo es histórico. Conseguir los títulos de la Eurocopa 2008, el Mundial 2010 y la Eurocopa 2012 es algo magnífico e histórico, pero solo en el ámbito deportivo, nada más.
Hay lugares en este planeta en los que el fútbol apenas es un deporte testimonial (Cuba y Estados Unidos, son dos ejemplos) y cuyo orgullo deportivo se vierte hacia otros deportes como el béisbol, por ejemplo.
El fútbol parece haberse convertido en la válvula de escape para muchas cosas. Hay personas que disfrutan viendo un partido de fútbol sentadas tranquilamente en sus casas frente al televisor mientras beben cerveza y comen pizza. Hay personas que disfrutan del fútbol en el campo dejándose la voz animando a los jugadores pese a que llueva, nieve o haga 40 º C a la sombra. También hay personas que confunden el continente con el contenido sintiéndose uno más del equipo y tomándose como algo personal todos los avatares que le suceda a dicho equipo.
Que el fútbol es un deporte que desata pasiones (y muchas de las veces son las bajas pasiones las que desata), se sabe y se da por hecho y no por ello deja de sorprenderme. Que prácticamente haya países que se paralicen ante determinados partidos de fútbol es digno de estudio psicológico. El llamado deporte rey se ha convertido en el deporte de masas por excelencia y para ello ha tenido que dejar por el camino una buena parte de eso que se llama deporte para ganar a cambio más espectáculo.
Los profesionales del fútbol son máquinas de hacer dinero insertadas en el engranaje del espectáculo deportivo del que forman parte y sabedores de ello lo engrasan y miman a conciencia para que siga funcionando.
No es malo olvidar las preocupaciones y los problemas durante un rato. Dejar las complicaciones aparcadas por un momento es hasta sano y si se puede conseguir viendo un partido de fútbol, pues bien está. Lo malo es que ese rato excede con mucho los 90 minutos que dura un partido de fútbol. La parafernalia que rodea al mundo futbolístico se me antoja excesiva para lo que las personas ganamos con ello...es decir nada. Los medios de comunicación pagan cifras desorbitadas por los derechos de retransmisión de los partidos y claro, tienen que amortizarlo de alguna manera. Seguramente este es el mayor de los motivos de la sobredimensión del fútbol en nuestras vidas cotidianas. Y sabiendo que la mayoría de empresas periodísticas son participadas o forman parte de otras empresas relacionadas con la banca y las energéticas (amén de otras ramificaciones empresariales sorprendentes), empresas todas estas que en cierta manera obligan a los gobiernos a seguir el rumbo que a ellas más les conviene, no nos a de extrañar que tengamos fútbol hasta en la sopa.
No es solo cuestión de dinero, que lo hay y mucho, es cuestión también de distracción y no en su sentido lúdico sino en su sentido estratégico.
Utilizar la distracción del dinero, del glamour, del espectáculo de masas, la publicidad sin límites, para consolidar el dominio sobre la opinión pública y en cierta manera acallarla a base de fastuosos acontecimientos futbolísticos no es nuevo, pero ahora el peligro para la salud de la sociedad es mayor. Los recursos energéticos empiezan a escasear y su control por parte de las empresas que se encargan de su explotación, esas empresas que también invierten en el fútbol, se hace más evidente cada día que pasa. Sus métodos quedan más en evidencia y es posible que la dosis de fútbol que nos suministraban ya no sea tan efectiva para sus intereses como lo era hasta ahora.
Imagino que una gran parte de los responsables de dichas empresas cuando ven fútbol, en caso que lo vean, ven a un puñado de esclavos millonarios corriendo tras una pelota vitoreados por las masas mientras les hacen cada vez más ricos y poderosos a cada segundo que pasa. Es la versión actualizada y civilizada de los gladiadores. A la luz de la historia pocas cosas nuevas hay, aunque a su sombra se esconden otras muchas igual de viejas...e inquietantes. El ansia de controlar a las personas llega hasta límites increíbles, pero más increíble es que lo consigan sin apenas esfuerzo por su parte.
jueves, 28 de junio de 2012
Olor a sobaquina
Existen trajes y vestidos para aparentar y existen colonias, fragancias y desodorantes que por mucho que lo intenten no disimulan ese persistente olor a sobaquina que emana de nuestros dirigentes.
Discursos y actitudes que incluso hace más de 40 años estaban desfasados en muchos países, aquí pretenden hacerlos pasar por innovadores e intentan crear escuela.
La cortedad de miras en las personas siempre es preocupante porque les impide evolucionar individualmente, pero esa cortedad de miras, esa miopía cateta y provinciana que se ha apoderado de los discursos y actitudes oficiales (aunque lo cierto es que siempre les ha acompañado. No hay nada nuevo bajo el sol de los políticos patrios), es más que preocupante, es peligrosa porque nos impide evolucionar colectivamente, no solo individualmente.
Cuesta horrores comprobar y asumir como todo aquello en lo que uno ha basado su vida, puesto sus creencias y esperanzas, vale menos que la arena en el desierto y que además es erróneo.
El ser humano es un animal de costumbres y pese a la habilidad para adaptarnos a las circunstancias, esa habilidad de la que hacemos gala en cuanto tenemos ocasión, hay ciertas personas que en realidad más que adaptarse lo que hacen es hacer como que se adaptan. Esas personas a título individual no evolucionan, pero si consiguen medrar y llegar a algún puesto de poder y decisión, ese estancamiento en su evolución personal se contagia al resto de la sociedad y es entonces la sociedad en su conjunto la que no evoluciona y se estanca. La historia está trufada de ejemplos de gobernantes y gobiernos miopes que logran que la sociedad de la que son responsables acabe necesitando gafas para ver la realidad de su tiempo, pero tan encantados están de conocerse así mismos que no son capaces de visitar al oculista pese a no ver más allá de sus narices. Una pizca de orgullo y otra pizca de coquetería y tenemos todas las papeletas para que el miope de turno acabe rodando por las escaleras en cuanto abra la puerta de casa y quiera salir a la calle.
Mientras la ciencia y la tecnología casi a diario nos sorprende con nuevos descubrimientos sobre nuestro pasado y lo que puede llegar a ser nuestro futuro, algunos individuos aún asisten a procesiones dónde se hacen novenas y rogativas para pedir que llueva. Estoy seguro que el día en que Alexander Fleming descubrió la penicilina allá por 1928, algunas personas contemporáneas aún estaban pintando escenas de caza en las cavernas a la luz de un candil.
El ser humano es paradójico y además es el único animal al que le huelen los sobacos. El ser humano cuando es político, español, conservador en lo moral y liberal en lo económico y además amante y cumplidor de las tradiciones (por muy bestias y catetas que estas tradiciones sean), es cuando más paradójico resulta y más se acentúa el olor a sobaquina que emana de él. Con echar un vistazo a los últimos 76 años podemos hacernos una idea. No me refiero al olor del sudor producto del trabajo honrado necesario para sobrevivir. Me refiero a ese olor a sobaquina que se da en ciertos despachos y edificios emblemáticos dónde se firman documentos plagados de palabrería absurda y efectos catastróficos para nosotros los ciudadanos. Ese olor que se percibe cuando vas a pedir un crédito o a firmar una hipoteca al banco. Ese olor que emana de algunos políticos al encontrártelos en el mercado de tu barrio cuando están en campaña. Ese olor que inunda las fosas nasales cuando pasas cerca de la sede de alguna corporación empresarial con intereses internacionales y con un pie en algún paraíso fiscal. Ese olor a sobaquina que no se va ni con salfumán, llega a formar parte del adn de algunos sujetos que dirigen este cotarro que mal llamamos democracia. Es un olor que ha impregnado a todo el país de norte a sur y de este a oeste. Es un olor que detesto profundamente y que a pocos parece molestar. ¿Me estaré volviendo un sibarita pituitario?. ¿Será este olor el olor natural del país y no me había dado cuenta?. ¿Será por dicho olor por lo que este país atrae a inversores megalomaniacos y está lleno de vividores roba cepillos y beatos de misa y puta diaria?.
P.D.: La selección española de fútbol ha llegado a la final de la Eurocopa. El país anda más hinchado que los pavos en celo y se arropa en la enseña nacional futbolera. Pero sigue oliendo a sobaquina que echa para atrás.
Discursos y actitudes que incluso hace más de 40 años estaban desfasados en muchos países, aquí pretenden hacerlos pasar por innovadores e intentan crear escuela.
La cortedad de miras en las personas siempre es preocupante porque les impide evolucionar individualmente, pero esa cortedad de miras, esa miopía cateta y provinciana que se ha apoderado de los discursos y actitudes oficiales (aunque lo cierto es que siempre les ha acompañado. No hay nada nuevo bajo el sol de los políticos patrios), es más que preocupante, es peligrosa porque nos impide evolucionar colectivamente, no solo individualmente.
Cuesta horrores comprobar y asumir como todo aquello en lo que uno ha basado su vida, puesto sus creencias y esperanzas, vale menos que la arena en el desierto y que además es erróneo.
El ser humano es un animal de costumbres y pese a la habilidad para adaptarnos a las circunstancias, esa habilidad de la que hacemos gala en cuanto tenemos ocasión, hay ciertas personas que en realidad más que adaptarse lo que hacen es hacer como que se adaptan. Esas personas a título individual no evolucionan, pero si consiguen medrar y llegar a algún puesto de poder y decisión, ese estancamiento en su evolución personal se contagia al resto de la sociedad y es entonces la sociedad en su conjunto la que no evoluciona y se estanca. La historia está trufada de ejemplos de gobernantes y gobiernos miopes que logran que la sociedad de la que son responsables acabe necesitando gafas para ver la realidad de su tiempo, pero tan encantados están de conocerse así mismos que no son capaces de visitar al oculista pese a no ver más allá de sus narices. Una pizca de orgullo y otra pizca de coquetería y tenemos todas las papeletas para que el miope de turno acabe rodando por las escaleras en cuanto abra la puerta de casa y quiera salir a la calle.
Mientras la ciencia y la tecnología casi a diario nos sorprende con nuevos descubrimientos sobre nuestro pasado y lo que puede llegar a ser nuestro futuro, algunos individuos aún asisten a procesiones dónde se hacen novenas y rogativas para pedir que llueva. Estoy seguro que el día en que Alexander Fleming descubrió la penicilina allá por 1928, algunas personas contemporáneas aún estaban pintando escenas de caza en las cavernas a la luz de un candil.
El ser humano es paradójico y además es el único animal al que le huelen los sobacos. El ser humano cuando es político, español, conservador en lo moral y liberal en lo económico y además amante y cumplidor de las tradiciones (por muy bestias y catetas que estas tradiciones sean), es cuando más paradójico resulta y más se acentúa el olor a sobaquina que emana de él. Con echar un vistazo a los últimos 76 años podemos hacernos una idea. No me refiero al olor del sudor producto del trabajo honrado necesario para sobrevivir. Me refiero a ese olor a sobaquina que se da en ciertos despachos y edificios emblemáticos dónde se firman documentos plagados de palabrería absurda y efectos catastróficos para nosotros los ciudadanos. Ese olor que se percibe cuando vas a pedir un crédito o a firmar una hipoteca al banco. Ese olor que emana de algunos políticos al encontrártelos en el mercado de tu barrio cuando están en campaña. Ese olor que inunda las fosas nasales cuando pasas cerca de la sede de alguna corporación empresarial con intereses internacionales y con un pie en algún paraíso fiscal. Ese olor a sobaquina que no se va ni con salfumán, llega a formar parte del adn de algunos sujetos que dirigen este cotarro que mal llamamos democracia. Es un olor que ha impregnado a todo el país de norte a sur y de este a oeste. Es un olor que detesto profundamente y que a pocos parece molestar. ¿Me estaré volviendo un sibarita pituitario?. ¿Será este olor el olor natural del país y no me había dado cuenta?. ¿Será por dicho olor por lo que este país atrae a inversores megalomaniacos y está lleno de vividores roba cepillos y beatos de misa y puta diaria?.
P.D.: La selección española de fútbol ha llegado a la final de la Eurocopa. El país anda más hinchado que los pavos en celo y se arropa en la enseña nacional futbolera. Pero sigue oliendo a sobaquina que echa para atrás.
jueves, 21 de junio de 2012
El enigma de la Pantera Rosa. ¿Capítulo final?
Para ver los capítulos anteriores, aquí y aquí.
Ya es oficial. Solo falta que salga publicado en el BOE. La enigmática historia del juez Carlos Dívar, sus viajes de fin de semana caribeños, cenas y hoteles de lujo a cuenta del Consejo General del Poder Judicial, acompañado de su escolta y ayudante personal ha llegado a su fin... o eso parece. Ya no habrá que llamarle Excelentísimo Señor por razón de su cargo. Es posible que lo agradezca y todo, aunque ahora se sienta un poco raro y extraño al sentir que no tiene el peso de la toga presidencial del Consejo y del Supremo sobre sus hombros. Pero estoy seguro que su fe, esa fe que predica la humildad como camino para encontrar al Señor, le ayudará, no le quepa duda.
El señor Dívar ha dimitido de sus cargos y en el pleno extraordinario que había convocado ha dicho: "No tengo conciencia de haber hecho nada malo, pero la situación era insostenible" y que se considera "víctima de una campaña cruel y desproporcionada". Como si hubiera hecho un favor al dimitir. Casi le doy las gracias y todo al oírlo.
Conclusión. El dinero se queda sin devolver. Lo gastado gastado está.
Presuponer y más en razón de determinados cargos y profesiones, suele ser el camino más corto para quedarse con el trasero al aire y la cartera vacía, además de recibir un buen sopapo en la conciencia.
El corporativismo es una lacra que dependiendo la escala social a la que se pertenezca profesionalmente puede llegar a ser un cáncer en la democracia y además tiene muy mala cura. No es lo mismo el corporativismo de los txistularis, por ejemplo, que el de los periodistas, abogados, jueces, policías, médicos, etc, es decir esas profesiones llamadas y conocidas como decentes y que tienen un plus de confianza de la gente. Que un txistulari aproveche su profesión para delinquir, está mal, pero que lo haga un juez, o un abogado, o un policía, o un médico, a mi al menos, me parece peor, por no decir el doble de mal. Pero ahí está la conciencia de cada uno y el grado de corporativismo de cada cuál que enfría dicha conciencia.
Tengo claro que la honradez y honestidad de las personas es inversamente proporcional a la cantidad de dinero que debamos manejar y podamos gastar y más si no tenemos que rendir cuentas de ello. Creo que hay gente honrada y honesta y hay gente que comete errores y hay gente que es más mala que beber cicuta en ayunas. Para que gente venenosa no llegue a ciertos cargos para poder esconderse detrás de los corporativismos de rigor, es necesario tener filtros y barreras para evitarlo y prevenirlo.
Que el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial haya tenido que dimitir por malgastar unos miles de eurillos y que, según él, no sienta haber hecho nada malo, debería dar que pensar. Sobre todo a sus compañeros los jueces y luego a los políticos que les ponen ahí a sabiendas de que les ponen para equilibrar la balanza del poder y no la balanza de la justicia.
Algunos no somos más que unos simples tipos que de vez en cuando se encuentran un billete de cinco euros arrugado y tirado junto a una caca de perro. Nuestro dilema entonces es preguntarnos si estará muy manchado o no para ver si lo cogemos o lo dejamos ahí. Hay personas a las que no les molesta ni la suciedad ni el mal olor del dinero pero que jamás se agacharían para coger esos cinco euros junto al excremento de un chucho, agacharse requiere demasiado esfuerzo para ellos. Esas personas jamás deberían acceder a ciertas profesiones y cargos. La democracia lo agradecería y los ciudadanos más aún.
Ya es oficial. Solo falta que salga publicado en el BOE. La enigmática historia del juez Carlos Dívar, sus viajes de fin de semana caribeños, cenas y hoteles de lujo a cuenta del Consejo General del Poder Judicial, acompañado de su escolta y ayudante personal ha llegado a su fin... o eso parece. Ya no habrá que llamarle Excelentísimo Señor por razón de su cargo. Es posible que lo agradezca y todo, aunque ahora se sienta un poco raro y extraño al sentir que no tiene el peso de la toga presidencial del Consejo y del Supremo sobre sus hombros. Pero estoy seguro que su fe, esa fe que predica la humildad como camino para encontrar al Señor, le ayudará, no le quepa duda.
El señor Dívar ha dimitido de sus cargos y en el pleno extraordinario que había convocado ha dicho: "No tengo conciencia de haber hecho nada malo, pero la situación era insostenible" y que se considera "víctima de una campaña cruel y desproporcionada". Como si hubiera hecho un favor al dimitir. Casi le doy las gracias y todo al oírlo.
Conclusión. El dinero se queda sin devolver. Lo gastado gastado está.
Presuponer y más en razón de determinados cargos y profesiones, suele ser el camino más corto para quedarse con el trasero al aire y la cartera vacía, además de recibir un buen sopapo en la conciencia.
El corporativismo es una lacra que dependiendo la escala social a la que se pertenezca profesionalmente puede llegar a ser un cáncer en la democracia y además tiene muy mala cura. No es lo mismo el corporativismo de los txistularis, por ejemplo, que el de los periodistas, abogados, jueces, policías, médicos, etc, es decir esas profesiones llamadas y conocidas como decentes y que tienen un plus de confianza de la gente. Que un txistulari aproveche su profesión para delinquir, está mal, pero que lo haga un juez, o un abogado, o un policía, o un médico, a mi al menos, me parece peor, por no decir el doble de mal. Pero ahí está la conciencia de cada uno y el grado de corporativismo de cada cuál que enfría dicha conciencia.
Tengo claro que la honradez y honestidad de las personas es inversamente proporcional a la cantidad de dinero que debamos manejar y podamos gastar y más si no tenemos que rendir cuentas de ello. Creo que hay gente honrada y honesta y hay gente que comete errores y hay gente que es más mala que beber cicuta en ayunas. Para que gente venenosa no llegue a ciertos cargos para poder esconderse detrás de los corporativismos de rigor, es necesario tener filtros y barreras para evitarlo y prevenirlo.
Que el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial haya tenido que dimitir por malgastar unos miles de eurillos y que, según él, no sienta haber hecho nada malo, debería dar que pensar. Sobre todo a sus compañeros los jueces y luego a los políticos que les ponen ahí a sabiendas de que les ponen para equilibrar la balanza del poder y no la balanza de la justicia.
Algunos no somos más que unos simples tipos que de vez en cuando se encuentran un billete de cinco euros arrugado y tirado junto a una caca de perro. Nuestro dilema entonces es preguntarnos si estará muy manchado o no para ver si lo cogemos o lo dejamos ahí. Hay personas a las que no les molesta ni la suciedad ni el mal olor del dinero pero que jamás se agacharían para coger esos cinco euros junto al excremento de un chucho, agacharse requiere demasiado esfuerzo para ellos. Esas personas jamás deberían acceder a ciertas profesiones y cargos. La democracia lo agradecería y los ciudadanos más aún.
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